El espíritu de la Cuarta Transformación – Víctor Alejandro Rosales García.

 

“En un Estado popular no basta la vigencia de las leyes
ni el brazo del príncipe siempre levantado; se necesita un resorte más,
que es la virtud (…) cuando en un gobierno popular se dejan las
leyes incumplidas, como ese incumplimiento no puede venir más que
de la corrupción de la república, puede darse el Estado por perdido”.
Montesquieu, Del Espíritu de la Leyes

Cuando nos referimos al Espíritu de algo o de alguien, estamos señalando la esencia misma de los conceptos, de las cosas y de las personas. El Espíritu es ese hálito de vida que es la razón de ser y de existir, es la vida misma. Es por ello que debemos preguntarnos para poder indagar, reflexionar y comprender ¿Cuál es el Espíritu de la Cuarta Transformación?

Para poder entender el periodo histórico que nos está tocando vivir, debemos comprender el espíritu de las tres trasformaciones que nos precedieron. A riesgo de simplificar demasiado por cuestiones de espacio, podemos decir que la esencia o espíritu de cada transformación histórica que nos preceden, puede ser definida con unas pocas palabras: primera transformación (guerra de independencia), emancipación y conflicto; segunda transformación (leyes de reforma), organización y centralización del poder; tercera transformación (movimiento revolucionario), institucionalización y consolidación estatal.

En el caso de la cuarta transformación (victoria electoral de la izquierda), podemos inferir que su esencia radica en lo que AMLO ha denominado “la revolución de las conciencias”. Esta idea requiere en la vía de los hechos, un cambio de mentalidad profundo; una transformación de las actitudes y comportamientos políticos y sociales del pueblo de México y de quienes están al frente de las instituciones públicas. Implica la construcción de una cultura política republicana, democrática y cívica que enarbole las tesis fundamentales de lo que históricamente ha sido la máxima de toda república popular: salus populi suprema lex est (que el bienestar del pueblo sea ley suprema).

Esta revolución de las conciencias, no sólo se acota a una profunda transformación en la cultura política, sino también en las estructuras económicas, políticas y sociales. Lo cual requiere terminar con los privilegios de una casta de potentados que han usufructuado el poder público para su propio beneficio en detrimento de la enorme mayoría que compone al pueblo empobrecido. Es por ello que la construcción de una nueva mentalidad, atraviesa el campo de la ética[1] y la justicia, en la cual se tiene que terminar con los privilegios y los fueros que tanto daño le han hecho al erario, a las instituciones y al pueblo en general. 

Es por ello que la denominada Cuarta Transformación, como fenómeno histórico, debe distinguirse por la construcción de una nueva conciencia histórica (revolución de las conciencias). Este cambio de mentalidad, como ya se mencionó, requiere de una nueva cultura política republicana y democrática, que se refleje en el comportamiento cotidiano de servidores públicos y de ciudadanía en general, así como una nueva forma de hacer política con base en principios éticos. Esto es lo que realmente refleja lo que es el Espíritu de la Cuarta Transformación y del nuevo régimen político que estamos construyendo. Sin embargo, no debemos olvidar lo que dijo Antonio Gramsci, “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. El problema es que estos monstruos pueden estarse gestando dentro del movimiento de regeneración nacional.

Una vez dicho esto, es tarea muy importante definir el conjunto de características de la cultura política del viejo régimen. Esto con la idea de confrontarlas con los valores y principios que creemos deben imperar en la Cuarta Transformación, por medio de lo que ya denominamos la revolución de las conciencias.

Cuando hablamos de régimen político nos estamos refiriendo a las instituciones, a las leyes y a las autoridades de un Estado. El régimen es todo ese entramado estructural de formas de organización política y administrativa que se sustenta en leyes y en donde actúan y se desarrollan los políticos y los servidores públicos; el régimen político es la arena política por excelencia, y es por ello que en esa arena luchan en la actualidad, dos visiones diametralmente opuestas de lo que debe ser el Estado y el gobierno: el neoliberalismo vs la república popular. Por eso el propio Presidente dice que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer[2]. A este dicho lo podemos explicar y analizar desde la teoría política y lo conocemos como transición política; que para simplificar lo podemos definir como el intervalo entre un régimen político y otro.

Pero para diferenciar el viejo régimen político que tratamos de enterrar para que surja uno nuevo, debemos conocer cuáles eran sus características que, en muchas formas, siguen vivas y vigentes en las actitudes y comportamientos políticos y sociales tanto de políticos profesionales, como de servidores públicos y ciudadanía en general. Cabe señalar que muchas veces no es que actuemos de mala fe y con dolo para reproducir viejos esquemas, simplemente es porque es todo lo que conocemos, es un legado de siglos que nos ha sido heredado y que es difícil erradicar de nuestras estructuras mentales, que es la forma en que está organizado el conocimiento.

A continuación, describiremos por medio del siguiente cuadro, un esquema de diferenciación entre la cultura política del viejo régimen y lo que debe ser la nueva cultura política republicana y democrática de la Cuarta Transformación, pero primero, definiremos de forma breve lo que entendemos por cultura política.

“El término cultura política se refiere a orientaciones específicamente políticas, posturas relativas al sistema político y sus diferentes elementos, así como actitudes relacionadas con la función de uno mismo dentro del sistema”[3]. Es decir, la cultura política es la percepción que tenemos de las instituciones, de la aplicación de las leyes, de las autoridades y su desempeño, así como papel que uno mismo juega en todo el entramado del régimen y del sistema político.

* Por valores entendemos algo positivo y por antivalores algo negativo.
** Por actitudes políticas entendemos las predisposiciones metales con que cada sujeto cuenta y con las cuales está dispuesto a actuar. Es el pensamiento antes de la acción.
*** Por comportamientos políticos entendemos las acciones que se realizan en los hechos, una vez que ya han pasado por el proceso cognitivo.

Como podemos notar, existe una oposición absoluta entre la cultura política del viejo régimen y la que el nuevo régimen en construcción busca edificar. Esta diferencia abismal es lo que significa el Espíritu de la Cuarta Transformación. Una distinción total con las formas de hacer política del pasado. Ya lo ha dicho muchas veces el Presidente Andrés Manuel López Obrador de forma coloquial y hasta chusca, “vámonos respetando, no somos iguales, que no me confundan porque eso sí calienta”.

La importancia de esta nueva cultura política republicana y democrática, radica en que debe ser institucionalizada y legalizada, es decir, debe haber leyes e instituciones que le den sustento y justifiquen su fomento y difusión. No basta que esta nueva cultura política se quede en el discurso o en los buenos deseos, su arquitectura y diseño exigen un esfuerzo extraordinario de las instituciones para construirla por medio de estructuras políticas adecuadas[5].

Cabe aclarar que las estructuras políticas son la forma en que está organizado el poder político en una sociedad. Estas estructuras se materializan en los poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, el régimen político, el sistema político, el sistema electoral, el sistema de partidos y cualquier forma de organización política formal y legal que sea creada para ejercer poder político y administrativo. Todas estas instituciones trabajando en conjunto y de forma coordinada, deben construir la cultura política republicana para su fomento y difusión entre el pueblo.

Esta nueva concepción de la política será el reflejo de la relación entre quienes están al frente de las instituciones y quienes los hemos designado para representarnos bajo el mandato del poder obediencial. Y será más democrática mientras haya mayor equilibrio en la distribución del poder político entre los diferentes sectores que conformamos al pueblo. Esta nueva cultura exige terminar con las relaciones de poder asimétricas y que los ciudadanos tengamos injerencia real en la toma de decisiones por medios legales e institucionales. Pero para ello se requiere que el Espíritu de la Cuarta Transformación sea el claro reflejo de la nueva cultura política. La buena noticia es que, al ser un conjunto de actitudes y comportamientos, pueden ser enseñados y aprendidos, y el Estado mexicano está obligado a la construcción de ciudadanía por medio del sistema educativo.

[1] Dussel, Enrique. 20 Tesis de Política, Editorial Siglo XXI, México, 2006.
[2]Pareciera que lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no termina de morir, como lo dijo el propio presidente citando a Bertolt Brecht”. Artículo titulado Cuando lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo de morir, Mario Patrón. https://www.jornada.com.mx/2019/12/05/opinion/021a2pol
[3] Almond, Gabriel y Robert Dahl, et. al. Diez Textos Básicos de Ciencia Política, Ariel, España, 2001, p. 179.
[4] Los elementos señalados los podemos definir de la siguiente manera:
[5] “La consolidación de morena como la opción política de izquierda que México necesita gira alrededor de la cultura política con la cual se conduzca. En sus extremos, tal desafío oscila entre una cultura de nuevo tipo y una continuidad cultural disfrazada. En otras palabras, si su actividad política se ancla en principios, el camino se ensancha; si el pragmatismo y su adicción a la política real se imponen, el fracaso del proyecto será inevitable. Desde luego, una política de principios no se lleva a cabo en abstracto. En el caso de morena debe acompañarse de una memoria nutrida por lo mejor de la historia nacional, de una propuesta programática nacionalista y popular, una conducta política de auténtica oposición al régimen decadente y una utopía que se proponga poner fin al oprobio neoliberal. Si a ello se suma la congruencia entre el decir y el hacer, junto al compromiso con la verdad, habrá buenos frutos”. Cervantes Díaz Lombardo, Eduardo. El desafío de morena y otros textos, Serie Actualidad de México: Lecturas Políticas no. 5, Secretaría Estatal de Formación Política de Morena, Ciudad de México, 2019, p.15.

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