¿Por qué el pueblo es el bloque social de los oprimidos? – Víctor Alejandro Rosales García

Pueblo es una de esas palabras con múltiples significados (igual que democracia) que se usan de manera poco clara. Para Giovanni Sartori, pueblo tiene seis posibles definiciones[1]: 1. Pueblo como literalmente todos; 2. Pueblo como pluralidad aproximada: un mayor número, los más; 3. Pueblo como populacho, clases inferiores, proletariado; 4. Pueblo como totalidad orgánica e indivisible; 5. Pueblo como principio mayoritario absoluto; 6. Pueblo como principio mayoritario moderado. De acuerdo con las definiciones de Sartori, se puede interpretar que pueblo se usa de forma muy generalizada y a veces hasta despectiva como la mayoría del populacho que pertenece a una clase inferior, en contraposición al concepto de élite o casta[2] (minorías con grandes privilegios políticos, económicos y sociales y que Sieyès nos invita a reflexionar de la siguiente manera:  Penetrad un momento en los nuevos sentimientos de un privilegiado. Él se considera, con sus colegas, como formando un orden aparte, una nación escogida por la nación. Piensa que se debe, ante todo, a los de su casta, y si continúa ocupándose de los otros, éstos no son ya, en efecto, más que los otros, es decir, ya no son los suyos. Ya no es el país un cuerpo del que él era miembro, sino el pueblo, ese pueblo que muy pronto en su lenguaje y en su corazón no será más que un conjunto de gentes de poca importancia, una clase de hombres creada expresamente para servir, mientras que él fue hecho para mandar y disfrutar[3]), en este sentido, pueblo se corresponde con lo popular, lo populachero que se asocia con las clases sociales trabajadoras: obreros de fábricas, trabajadores asalariados que se dedican al más diverso conjunto de oficios y actividades manuales, comercio minoritario (formal e informal), aquellas actividades referentes a los servicios en empresas y/o a trabajar para el Estado en cargos de poca relevancia, etc., y que viven en las zonas populares o de pocos servicios públicos y por lo general de mala calidad (agua potable, drenaje, recolección de residuos, transporte público, infraestructura, etc.). Y es debido a este sesgo clasista que mucha gente no se asume como parte del pueblo, porque interpreta que ser “pueblo” es ser arrabalero, de gustos no refinados y niveles educativos y socio-económicos bajos y, aunque se encuentre en una situación laboral de precariedad y con claras desventajas económicas (por su bajo nivel de ingreso) y de oportunidades de ascenso y desarrollo laboral, no se asumen como parte del pueblo.

No asumirse como pueblo es la blanquitud[4] en su máxima expresión (tratar de ser como las élites que imponen su visión del mundo, y donde la no-élite trata de imitar en gustos, aspiraciones, formas de ser, de comportarse y hasta de pensar en términos políticos), que ha hecho que mucha gente niegue sus raíces, sus tradiciones, su cultura, su lengua y se convierta en aspiracionista. Y por aspiracionista entendemos no a aquellas personas que aspiran a una mejor vida en rubros como lo cultural, educativo y de ingreso económico (esto es totalmente válido, legítimo y hasta necesario), sino a aquellas personas o grupos sociales que al intentar “blanquearse”, reniegan de su color de piel, de su pasado y origen social o étnico; son aquellas personas que pretenden imitar a las élites privilegiadas y que, por supuesto, creen que si los imitan serán como ellos, y no entienden que esas mismas élites dueñas de la blanquitud capitalista, los desprecian no sólo por ser quienes son, sino por tratar de ser como ellos; esto es lo que causa más risa y desprecio por parte de la élite, que la no-élite trate de imitarlos; las palabras del abate Sieyès lo expresan así: El falso sentimiento de la superioridad personal está tan arraigado entre los privilegiados, que querrían extenderlo a todas sus relaciones con el resto de los ciudadanos. Ellos no han sido hechos para ser confundidos, para estar al lado de nadie, para mezclarse (…) La vanidad, que de ordinario es individual y gusta de aislarse, se transforma allí, prontamente, en un espíritu de cuerpo indomable[5]. Es debido a esta actitud imitativa que ser aspiracionista es llegar a convertirse en racista y clasista en contra de la propia clase social a la que se pertenece; es negar lo que da identidad y arraigo y querer convertirse en aquello que ha sido construido con la sangre y la explotación de otros: los privilegios[6].

Todo esto nos lleva a pensar en la falta de precisión de lo que entendemos por el pueblo, y habría que ahondar más para definir con toda claridad lo que en la Cuarta Transformación entendemos por esta categoría política, ya que pueblo debe ser el sujeto de la política para un movimiento de izquierda progresista y transformadora que tiene como objetivo primordial, aunque no único, mejorar las condiciones materiales de vida de los más vulnerables y oprimidos. Para cualquier movimiento o partido político de izquierda, debe ser piedra angular la participación activa, libre, autónoma e informada del pueblo en los procesos políticos para la toma de decisiones; esto es lo que hace al pueblo ser el sujeto de la política y lo despierta de su letargo político para asumirse como el soberano.

Para la Cuarta Transformación sería, a diferencia de las definiciones arriba citadas del politólogo italiano, conveniente que al pueblo se le entienda como el bloque social de los oprimidos[7], ya que es una categoría política más amplia que engloba a la categoría económica de clase social. Aunado a esto, podemos decir en términos gramscianos que pueblo es el conjunto de las clases subalternas e instrumentales de todas las formas de sociedad que han existido hasta ahora. Subalternas porque están debajo en términos políticos y económicos de la élite hegemónica, e instrumental porque es quien realiza el trabajo asalariado y las actividades físicas productivas.

Por bloque social podemos entender a un conjunto de organizaciones, grupos o movimientos sociales que tienen vida orgánica y que buscan participar de los procesos políticos, económicos y sociales para mejorar sus condiciones materiales de vida, para preservar sus costumbres, usos y tradiciones o que exigen justicia para la solución de diversas temáticas que les afectan, ya sean de índole laboral, económico, cultural o cualesquier otro que sientan que dañan sus intereses y derechos. Aunado a esto, cuando decimos oprimidos, estamos hablando de todas aquellas personas que de una u otra forma han sido excluidas, marginadas, explotadas, discriminadas, racializadas y/o violentadas por el sistema económico y político imperante en la actualidad: el capitalismo en su fase neoliberal. En este sentido, una de las mayores formas de explotación y condenamiento a la precariedad, es a través del bajo salario que se les paga a los trabajadores[8].

Sumado a lo anterior, otros criterios de opresión pueden ser: la desigualdad de oportunidades (el mito de la meritocracia); el acceso limitado a bienes y servicios de calidad como son: salud, educación, trabajo, entretenimiento, cultura, vivienda, servicios públicos; la limitada o inexistente libertad política; la limitada o inexistente libertad económica; ser objeto de clasismo y racismo; la discriminación por motivos de género, etnia, creencia religiosa o preferencia sexual. Estos criterios de opresión están dados por cuestiones culturales, institucionales y legales, que impiden que las personas puedan desplegar sus capacidades por medio de posibilidades reales de desarrollo y crecimiento, tanto individual como en comunidad. Ejemplo de esto son las llamadas Estructuras Jurídicas del Despojo[9], que se han consolidado en la fase neoliberal a nivel mundial y que han servido para beneficio de las élites económicas y políticas, en detrimento de los pueblos (así, en plural y a nivel internacional) que han sido despojados hasta de la esperanza de un mejor futuro.

Luego entonces, el pueblo al ser el bloque social de los oprimidos, es la mayoría de la gente que no goza de oportunidades (o son muy escasas y en condiciones extremadamente adversas) de tipo económico, laboral, educativo y no tiene capacidad ni oportunidades reales de salir de su situación de precariedad y, esta imposibilidad, está dada por las condiciones estructurales del sistema económico que está diseñado para que una pequeña minoría, una élite que es dueña de las grandes empresas y de medios de producción, sea la beneficiada de la riqueza generada en detrimento de la mayoría trabajadora que es explotada por medio de la plusvalía, la cual es entendida como la parte del trabajo ejecutado por el trabajador y que el empresario no paga y se adueña de esa parte para su beneficio. En la medida en que el empresario gana, en el trabajador decrece el salario y, por lo tanto, su calidad de vida. Marx y Engels lo plantean así: ¿Cuál es la ley general que rige el alza y la baja del salario y la ganancia, en sus relaciones mutuas? Se hallan en razón inversa. La parte de que se apropia el capital, la ganancia, aumenta en la misma proporción en que disminuye la parte que le toca al trabajo, el salario, y viceversa. La ganancia aumenta en la medida en que disminuye el salario y disminuye en la medida en que éste aumenta (…) Vemos, pues, que, aunque nos circunscribimos a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, los intereses del trabajo asalariado y los del capital son diametralmente opuestos. Un aumento rápido del capital equivale a un rápido aumento de la ganancia. La ganancia sólo puede crecer rápidamente si el precio del trabajo, el salario relativo, disminuye con la misma rapidez (…) La cuota de plusvalía es, por tanto, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital o del obrero por el capitalista[10].

Esta situación de explotación y de ausencia de oportunidades y posibilidades reales se intensifica en las clases trabajadoras y, a  diferencia de lo que muchas personas creen, ser parte del bloque social de los oprimidos (integrarse y sentirse como parte del pueblo) no tiene que ver con el nivel educativo, ya que hay miles de personas con estudios universitarios (incluidos los posgrados), que tienen condiciones laborales precarias y de explotación que no les permite tener un patrimonio o mejores condiciones de vida, de desarrollo y ascenso profesional, y que, sin embargo, muchas de esas personas tienen una falsa conciencia[11] (tener conciencia es saberse ubicar, tener posición política e ideológica acorde a la clase social en la que uno se sitúa) y creen que forman parte de la denominada clase media (hay quienes incluso llegan a creer que son de clase alta). Haber pasado por las aulas universitarias ha dejado de ser garantía de ascenso social y se ha convertido para muchos en frustración y desaliento, incluidos los jóvenes, muchos de ellos han dejado de ver el estudio como un camino para mejorar las condiciones materiales y como generador de bienestar. Es por ello que mencionábamos que ser aspiracionista está relacionado con creer que uno pertenece a una clase social distinta a la que en realidad se está ubicado social y económicamente. Pero no sólo eso, ideológicamente, muchos aspiracionistas profesan el credo del “emprendedurismo neoliberal” y la idea que, si se esfuerzan lo suficiente, podrán llegar a ser millonarios o por lo menos ricos como los modelos a imitar que los medios masivos de comunicación les venden como productos o mercancías de consumo. O peor aún, políticamente se ubican a la derecha del espectro político y en los procesos electorales votan a sus partidos; lo cual demuestra que el mejor producto del capitalismo es una derecha menesterosa que aspira a ser parte de la élite y que dentro de la visión liberal de la democracia electoral, son quienes hacen el juego de la supuesta representación política dentro de las estructuras de poder político legal e institucional, donde se toman las decisiones de Estado. Se les hace creer que son quienes capitanean y dirigen el timón del barco liberal-democrático cuando, en realidad, son los que reman encadenados en las galeras del capitalismo[12] conservador-elitista.

Ahora bien, si a quienes hemos denominado como pueblo están oprimidos bajo los criterios ya expuestos, entonces ¿Qué hacer? O incluso ¿Es posible hacer algo contra esa opresión? La respuesta más rápida es sí, hay que liberarse, pero ¿Cómo? Aquí es donde queremos hacer hincapié en lo que simboliza la Cuarta Transformación y el partido-movimiento de regeneración nacional.

La denominada 4T y el movimiento de regeneración nacional, representan una transformación profunda de la vida pública de México. En la vía de los hechos, esa metamorfosis ha sido pacífica y por la vía electoral (así lo establecen los Documentos Básicos y así es como accedió Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República). Es un giro de 180° a las políticas neoliberales que, por décadas, afianzaron el poder político y económico de la élite empresarial y de la llamada clase política[13]. Sin embargo, la Cuarta Transformación y el movimiento de regeneración nacional, como su brazo político, deben profundizar e ir a la raíz de las causas que generan la marginación, la exclusión, la opresión y la dominación del pueblo de México. Deben ser la punta de lanza de la emancipación y de la liberación del pueblo.

Para instrumentar y para mantener la congruencia con los principios del propio movimiento y de la transformación, la radicalidad de los cambios está en la institucionalidad que ha empezado a construir el nuevo régimen que encabeza el presidente López Obrador. Las nuevas leyes y las nuevas instituciones hasta ahora construidas, eran necesarias, pero no suficientes. Es indispensable ahondar más en las causas que han generado que el pueblo haya sido marginado de los beneficios de la creación de riqueza en el país y excluido de la toma de decisiones de los asuntos públicos. Sólo entendiendo las causas que han generado la opresión sobre el pueblo, es que podrán plantearse propuestas radicales para su emancipación.

Pero, ¿En qué consiste este proceso de liberación?  Básicamente, aunque no de manera exclusiva, en los siguientes puntos: 1) romper con la colonialidad ideológica; 2) que el pueblo entienda que es el soberano y el verdadero sujeto de la política; 3) generar una nueva cultura política para consolidar la revolución de las conciencias; 4) crear condiciones para ampliar y consolidar una economía social y solidaria; 5) nuevas leyes e instituciones de participación política directa.

1. El pensamiento decolonial debe romper con las cadenas ideológicas impuestas por la Modernidad capitalista y debe tener como horizonte de lucha a la Transmodernidad y el combate de las jerarquías de dominación y exclusión[14]. Este es un proyecto de mediano y largo plazo que debe formar parte del ideario de la Cuarta Transformación y es preciso que sea impulsado. Es impostergable el combate de la visión que la Modernidad tiene de la política como dominación y transformar a la política en un noble oficio con vocación de servicio.

2. La descolonización ideológica implicará que lo que hasta aquí hemos denominado “el pueblo”, se libere de las ataduras mentales y, por ende, de las cadenas legales e institucionales que le han impedido su desarrollo y autonomía. Este proceso llevará al pueblo a mirarse a sí mismo como el sujeto de la política y a entender que es él quien tiene el poder de decidir sobre el aparato público y sobre las decisiones que le son más importantes para su progreso y la preservación de su vida en comunidad.

3) Parte del camino de la transformación es la consolidación de un nuevo régimen político que dé sustento al proceso de liberación del pueblo. Para ello, es indispensable una nueva cultura política[15] con valores cívicos y republicanos (republicanismo no es sinónimo de liberalismo político) que sean introyectados por el pueblo para la consolidación de nuevas prácticas políticas y para demostrar que otra forma de hacer política es posible. La revolución de las conciencias debe ser la punta de lanza de este proceso emancipador de las formas del viejo régimen que han prevalecido durante siglos. Sólo cambiando la forma de entender y practicar la política, hará que nuestro país sea libre de la corrupción estatal y gubernamental que ha caracterizado al ejercicio del poder en México.

4. Otro de los campos en que debe trabajar la Cuarta Transformación y el partido-movimiento de regeneración nacional es el de la economía. Es fundamental crear condiciones para ampliar y consolidar una economía social y solidaria que promueva entre el pueblo, la posibilidad de tener autonomía económica y no seguir dependiendo de empleos explotadores, mal pagados, sin prestaciones sociales y sin futuro. Con esto no estamos diciendo que de manera inmediata se deben expropiar y nacionalizar los medios de producción que actualmente son de propiedad privada, sino que el mercado debe ampliarse para dar paso a formas de producción comunitarias en condiciones de igualdad fiscal, de comercialización y competencia. Es indispensable seguir ampliando y consolidando el cooperativismo para que cada vez más personas salgan de la precariedad material a las que las condena el sistema de producción capitalista.

5. De fundamental importancia es que, en la Cuarta Transformación, se impulse la creación de nuevas leyes e instituciones para la democracia directa del pueblo en la toma de decisiones de los asuntos públicos. Con la ideología del liberalismo democrático, se nos quiso hacer creer que la representación política en las estructuras estatales era suficiente. Esta representación siempre quedaba en manos de los partidos políticos conformados por élites y con claros intereses económicos. Hoy es indispensable que construyamos instituciones que permitan la democracia directa, para que sea la comunidad política quien decida sobre los temas que son de interés general. Es la oportunidad de ampliar la representación política, es el momento histórico de tener una injerencia real del pueblo en los debates, las deliberaciones y las decisiones en todos aquellos asuntos que le afectan directamente. Con una nueva estructura jurídica de corte popular (que represente los intereses de lo que aquí hemos denominado el pueblo), se podrá construir un régimen político que vele auténticamente por los intereses de los más vulnerables, de los oprimidos y de quienes siempre han sido marginados y arrojados a la desesperanza y al olvido.

Por último, hay que recordar que la lucha de la Cuarta Transformación es por transformar el viejo régimen de las élites privilegiadas, y sustituirlo por un nuevo régimen político (nuevas leyes, nuevas instituciones y personas servidoras públicas con principios y con ética) que garantice la mejora de las condiciones materiales de vida de los más pobres y que, al mismo tiempo, promueva la igualdad de oportunidades para todos sin importar su condición de clase, género, preferencia sexual, credo religioso, origen étnico y cualesquier otro que hasta hoy haya representado un obstáculo para el ascenso y la justicia social. La emancipación y la liberación del pueblo pasan por la construcción de leyes e instituciones que garanticen la vida y desarrollo del bloque social de los oprimidos.


[1] Sartori, Giovanni. ¿Qué es la democracia? Editorial Taurus, México, 2007, p. 28.

[2] “Tal es el término adecuado, pues designa una clase de personas que, sin funciones ni utilidad alguna y por el sólo hecho de su existencia, gozan de privilegios vinculados a su persona”. Sieyès, Emmanuel. ¿Qué es el Tercer Estado? Alianza Editorial, Madrid, 1989.

[3] Sieyès, Emmanuel. Ensayo sobre los privilegios, Alianza Editorial, Madrid, 1989.

[4]Podemos llamar blanquitud a la visibilidad de la identidad ética capitalista en tanto que está sobredeterminada por la blancura racial, pero por una blancura racial que se relativiza a sí misma al ejercer esa sobredeterminación (…) Los negros, los orientales o los latinos que dan muestras de “buen comportamiento” en términos de la modernidad capitalista estadounidense pasan a participar de la blanquitud. Incluso, y aunque parezca anti-natural, llegan con el tiempo a participar de la blancura, a parecer de raza blanca. La manipulación que Michael Jackson hace de los rasgos étnicos de su rostro es sólo una exageración caricaturesca de la manipulación identitaria y somática que han hecho y hacen con sus modos de comportamiento y con su apariencia física otros “no-blancos” atrapados en el American way of life”. Echeverría, Bolívar. Modernidad y blanquitud, Ediciones Era, México, 2019, pp. 62-67.

[5] Sieyès, Emmanuel. Ensayo sobre los privilegios, Alianza Editorial, Madrid, 1989.

[6] “Se ha dicho que privilegio es una dispensa para el que lo obtiene y un desaliento para los demás (…) Todos los privilegios, sin distinción, tienen ciertamente por objeto dispensar de la ley o conceder un derecho exclusivo (…) Todos los privilegios son, pues, por su propia naturaleza, injustos, odiosos, y están en contradicción con el fin supremo de toda sociedad política”. Ibidem.

[7] Puede ahora entenderse que lo “popular” es lo propio del pueblo en sentido estricto (lo referente al “bloque social de los oprimidos”). Dussel, Enrique. 20 Tesis de Política, Editorial Siglo XXI,México, 2006, pp. 91-93.

[8]el salario es la cantidad de dinero que el capitalista paga por un determinado tiempo de trabajo o por la ejecución de una tarea determinada (…) el salario no es más que un nombre especial con que se designa el precio de la fuerza de trabajo, o lo que suele llamarse precio del trabajo, el nombre especial de esa peculiar mercancía que sólo toma cuerpo en la carne y la sangre del hombre”. Marx, Karl y Friedrich Engels. “Trabajo asalariado y capital” en Obras Escogidas, Vol. 1, Editorial Akal, España, 2016, p. 73.

[9]La ley al codificar e institucionalizar la injusticia inherente a las relaciones sociales capitalistas, forma parte de la violencia sistémica, se integra a la violencia que procede del sistema económico y político. Es por ello que la ley se vuelve clave para el ejercicio legal de la violencia del capitalismo: la opresión, la explotación y, por tanto, también la exclusión termina legalizándose. En ese sentido, afirmamos que las estructuras jurídicas del despojo son en la actualidad las formas jurídicas que concretan con mayor eficacia la codificación e institucionalización de la injusticia”. Hernández Cervantes, Aleida, “Estructuras Jurídicas del Despojo: trazando el perfil”, en Hernández Cervantes, Aleida y Mylai Burgos Matamoros (coordinadoras). La disputa por el derecho: la globalización hegemónica vs la defensa de los pueblos y grupos sociales, Bonilla Artigas Editores-UNAM-Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias Sociales y Humanidades, México, 2018, p. 88.

[10] Marx, Karl y Friedrich Engels. “Trabajo asalariado y capital” en Obras Escogidas, Vol. 1, Editorial Akal, España, 2016, pp. 89-91.

[11]Las condiciones materiales determinan la conciencia de las personas. Su existencia y práctica real cotidiana son lo que determinan la conciencia. No partimos de la conciencia para explicar la realidad, es nuestra realidad la que determina nuestra conciencia”. Karl Marx.

[12] “El capital no es una cosa sino una relación social de carácter histórico. El capital es una relación social de producción. Es una relación burguesa de producción, una relación de producción de la sociedad burguesa”.  Marx, Karl y Friedrich Engels. Op. Cit.

[13] “(…) en todas las sociedades, empezando por las medianamente desarrolladas, que apenas han llegado a los preámbulos de la civilización, hasta las más cultas y fuertes, existen dos clases de personas: la de los gobernantes y la de los gobernados. La primera, que es siempre la menos numerosa, desempeña todas las funciones políticas, monopoliza el poder y disfruta de las ventajas que van unidas a él. En tanto, la segunda, más numerosa, es dirigida y regulada por la primera de una manera más o menos legal, o bien de un modo más o menos arbitrario y violento, y a ella le suministra, cuando menos aparentemente, los medios materiales de subsistencia y los indispensables para la vitalidad del organismo público. En la práctica de la vida, todos reconocemos la existencia de esta clase dirigente o clase política”. Mosca, Gaetano. La Clase Política, México, Fondo de Cultura Económica, 2002, p. 106.

[14] “La revolución descolonial requiere de una transformación revolucionaria de la subjetividad, de los paradigmas, la ética y las estructuras de dominación”. Grosfoguel, Ramón. El manifiesto descolonial de Houria Bouteldja: Del grito secular moderno occidental ”Patria o muerte” a la invocación sagrada “Allahou Akbar”, en Bouteldja, Houria. Los blancos, los judíos y nosotros. Hacia una política del amor revolucionario, Editorial Akal, México, 2017, p. 7.

[15] “El término cultura política se refiere a orientaciones específicamente políticas, posturas relativas al sistema político y sus diferentes elementos, así como actitudes relacionadas con la función de uno mismo dentro del sistema”. Almond, Gabriel y Robert Dahl, et. al. Diez Textos Básicos de Ciencia Política, Ariel, España, 2001, p. 179.

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