Andrés Manuel López obrador, lector de Nicolás Maquiavelo. Como entender e instrumentar el príncipe  y seguir siendo humano.- Víctor Alejandro Rosales García (2/2)

Una de sus políticas de gobierno es la denominada austeridad republicana. A este respecto Maquiavelo nos dice en el capítulo XVI que “el que quiere conseguir fama de pródigo entre los hombres no puede pasar por alto ninguna clase de lujos (…) Ya que un príncipe no puede practicar públicamente esta virtud sin que se perjudique, convendrá, si es sensato, que no se preocupe si es tildado de tacaño; porque, con el tiempo, al ver que con su avaricia le bastan las entradas para defenderse de quien le hace la guerra, y puede acometer nuevas empresas sin gravar al pueblo, será tenido siempre por más pródigo, pues practica la generosidad con todos aquellos a quienes no quita, que son innumerables, y la avaricia con todos aquellos a quienes no da, que son pocos (…) un príncipe debe reparar poco -con tal de que ello le permita defenderse, no robar a los súbditos, no volverse pobre y despreciable, no mostrarse expoliador- en incurrir en el vicio de tacaño; porque éste es uno de los vicios que hacen posible reinar (…) es más prudente contentarse con el tilde de tacaño que implica una vergüenza sin odio, que, por ganar fama de pródigo, incurrir en el de expoliador, que implica una vergüenza con odio”. Ese es otro de los temas por los cuales la oposición ataca a AMLO, por ser austero y citar constantemente a Benito Juárez al decir que las personas servidoras públicas deben vivir en la justa medianía. El Presidente repite constantemente que el que quiera hacer dinero que se dedique a los negocios, no a la política. En el viejo régimen del PRI y del PAN, lo público era visto como botín a ser repartido entre piratas, “México era visto como tierra de conquista”; es por ello que AMLO dejo muy claro desde el principio de su administración que se debía separar lo económico de lo político. Esto le ha acarreado múltiples críticas de la oposición que se habían acostumbrado a las privatizaciones y a beneficiarse de ellas. Hoy en día, la administración del gobierno se hace con austeridad y sin derroches para cuestiones ostentosas ni lujos para servidores públicos (sirva de ejemplo el Avión Presidencial que compró Felipe Calderón y que heredó a Enrique Peña Nieto). Se busca ahorrar lo más que se pueda en gasto corriente y en otro tipo de cosas que resultaban onerosas para el erario e insultantes para el pueblo. Todo ese ahorro y la más efectiva recaudación de impuestos (hacer pagar a los ricos que antes no pagaban o que se les devolvía dinero), se destina para becas para niños y jóvenes, para pensiones de adultos mayores, para la inversión en infraestructura, para la productividad del campo, para mejorar el sistema de salud y el educativo, entre otros grandes temas que son prioridad. Es decir, se invierte para construir un Estado de Bienestar. Maquiavelo lo llamó tacañería, AMLO lo denomina austeridad republicana, lo cual es bien visto a los ojos del pueblo que se fastidió de ver los ostentaciones, despilfarros y excesos de quienes gobernaban y, al mismo tiempo, es motivo de crítica de quienes estaban acostumbrados a gobernar con lujo y derroche del erario.

Otro de los consejos que AMLO no atendió de Maquiavelo es aquel que establece si es mejor ser temido que amado, y que se describe en el capítulo XVII y que a la letra dice: “un príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de cruel, siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a los súbditos (…) Surge de esto una cuestión: si vale más ser amado que temido, o temido que amado. Nada mejor que ser ambas cosas a la vez; pero puesto que es difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro que es más seguro ser temido que amado. Porque de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro (…) Y los hombres tienen menos cuidado en ofender a uno que se haga amar que a uno que se haga temer; porque el amor es un vínculo de gratitud que los hombres, perversos por naturaleza, rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es miedo al castigo que no se pierde nunca. No obstante lo cual, el príncipe debe hacerse temer de modo que, si no se granjea el amor, evite el odio, pues no es imposible ser a la vez temido y no odiado; y para ello bastará que se abstenga de apoderarse de los bienes y de las mujeres de sus ciudadanos y súbditos, y que no proceda contra la vida de alguien sino cuando hay justificación conveniente y motivo manifiesto; pero sobre todo abstenerse de los bienes ajenos, porque los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio”. AMLO jamás ha hecho gala ni presunción de represor, de tirano o de hacer un uso innecesario de la fuerza, esas son etiquetas que injustificadamente le cuelga la oposición. Al contrario, siempre ha dicho que “nada por la fuerza, todo por la razón y el Derecho”. Él no cree que sea mejor ser temido que amado. Sus acciones nos demuestran que para él es más valioso contar con el cariño, el respeto y la gratitud del pueblo, a que le teman por ser un tipo duro y hasta inflexible, como aconsejaba Maquiavelo. Tampoco cree en la descripción que hace el diplomático florentino sobre la naturaleza de los hombres, más bien al contrario, nos dice que la gente (o al menos la mayoría del pueblo de México) está llena de valores morales, culturales y espirituales, y que es un pueblo noble, trabajador y honesto. Aquí es interesante contrastar la visión sobre si el hombre es malo por naturaleza como afirmaba Thomas Hobbes (homo homini lupus, el hombre es un lobo para el hombre) y el mismo Maquiavelo, o es malo porque no sabe, por ignorancia como decía Sócrates. Pareciera ser que AMLO está inclinado hacia la visión socrática y cristiana que dice que “de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas”[1]. Con esto se pretende decir que cada persona tiene una visión, una idea y una percepción sobre la humanidad y todo lo que le es relacionado como son las leyes, la política, las instituciones, la familia, etc. Y AMLO no es la excepción, si él piensa que el pueblo es noble y bueno (al menos en su mayoría), seguro es el reflejo de lo que guarda en su propio corazón. Ejemplo de esto es cuando el propio López Obrador enfermó dos veces de covid-19, muchos de sus adversarios le desearon la muerte. Esos deseos son el reflejo de lo que es buena parte de la oposición y de quienes odian a AMLO y de todo lo que representa. Uno puede tener adversarios y luchar políticamente contra ellos, pero no desear su aniquilación física, eso sólo es de personas mezquinas y podridas de corazón; deseos propios del fascismo.

Ahora bien, para tener en la más alta consideración al pueblo, velar por su interés y hacer todo por mejorar sus condiciones materiales para su existencia, no sólo se requiere ser un gobernante noble y sensible, se requiere honrar la palabra empeñada y cumplir lo comprometido. Para ello se deben hacer compromisos factibles para el desarrollo y afirmación de la vida del pueblo, y al hacer esos compromisos se debe tener en cuenta su cabal cumplimiento tomando en cuenta a quienes serán afectados. En este sentido, el capítulo XVIII afirma que “nadie deja de comprender cuán digno de alabanza es el príncipe que cumple la palabra dada, que obra con rectitud y no con doblez; pero la experiencia nos demuestra, por lo que sucede en nuestros tiempos, que son precisamente los príncipes que han hecho menos caso de la fe jurada, envuelto a los demás con su astucia y reído de los que han confiado en su lealtad, los únicos que han realizado grandes empresas”. Este es otro ejemplo de los cuales AMLO no hace caso con respecto a los consejos de Maquiavelo. El propio florentino dice en su texto que esa forma de actuar era propia de los tiempos y circunstancias que a él le tocaron vivir, es por ello que no son de aplicabilidad general en todo tiempo y en todo lugar. En los tiempos que corren en México, es indispensable que un gobernante haga cabal cumplimiento de su palabra y de las promesas a las cuales se ha comprometido. Durante décadas (y podríamos ir mucho más atrás en la historia de nuestro país) México sufrió de gobernantes que no honraban su palabra ni hacían caso de la fe jurada. Sus campañas y discursos estaban plagadas de mentiras y promesas huecas que de antemano sabían no iban a cumplir, esto trajo como consecuencia el descrédito de la llamada clase política, que después de muchos años mostró su verdadero rostro: hipocresía, falsedad, perfidia y rapacidad. Hoy para el gobierno de la Cuarta Transformación que encabeza AMLO, se requiere de un liderazgo político con una calidad moral incuestionable, a prueba de cualquier señalamiento de corrupción y López Obrador es ese líder. El Presidente ha mostrado congruencia entre el hacer y el decir, eso nadie se lo puede reprochar. Él, contrario ha lo que aconsejaba Maquiavelo, sí hace caso de la fe jurada y ha cumplido sus compromisos, es decir, actúa como un hombre que hace de la política un noble oficio y afirmó que “tenemos que seguir transformando a México y tenemos que seguir apoyando al pueblo. Una lección importante, una enseñanza mayor de nuestra historia es que no debe uno de zigzaguear, no hay que actuar en la indefinición en la política. En la política se tiene que representar algo y alguien, nosotros estamos representando una causa a favor de la justicia y estamos representando al pueblo, y debemos de anclarnos en el eso, nada de corrimientos al centro, no, primero los pobres. Y eso tiene que ir acompañado de hacer lo mismo con el presupuesto público que es dinero del pueblo, regresarle más a los pobres, no puede haber trato igual entre desiguales”.

Contrario a esto, Maquiavelo dice que “un príncipe prudente no debe observar la fe jurada cuando semejante observancia vaya en contra de sus intereses y cuando hayan desaparecido las razones que le hicieron prometer. Si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no sería bueno; pero como son perversos, y no la observarían contigo, tampoco tú debes observarla con ellos. Nunca faltaron a un príncipe razones legitimas para disfrazar la inobservancia (…) Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar”. Como podemos darnos cuenta en la historia política de México, los políticos de nuestro país, creyeron que El príncipe era un manual de aplicación general, y eso es lo que ha llevado a que a la política se le vea como algo malo, una actividad sucia digna sólo de personas corruptas y podridas por dentro, sin embargo, nada más falso que eso. La política no se resume en la búsqueda del poder político para la satisfacción de los intereses personales o de facciones partidistas, la política debe (como imperativo categórico kantiano) ser vista como una actividad ética donde los principios éticos normativos sean el faro que nos guíe. Dichos principios son básicamente, de acuerdo al Dr. Enrique Dussel, la afirmación de la vida del pueblo, la participación política por medio del consenso y la factibilidad[2]. En resumidas cuentas, como dice el propio Dussel, la ética es a la política lo que el esqueleto al cuerpo, y no como lo que decía Maquiavelo que la política sea vista como un juego de apariencias, manipulación y engaño, “(…) pues los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, porque todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, más pocos saben lo que eres; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que se escuda detrás de la majestad del Estado (…) Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y en disimular”. Precisamente esa es la visión de la política que la Cuarta Transformación debe cambiar; dejar de ver a la política como un juego de simulación, mentiras y engaños. Es indispensable ver a la política como un noble oficio para desarrollar la vida y las condiciones materiales y culturales del pueblo, ya que este es el sujeto de la política.

Siguiendo este orden de ideas de Maquiavelo, otro de los pasajes más famosos de su libro es el que establece que “conviene que el príncipe se transforma en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos. Los que sólo se sirven de las cualidades del león demuestran poca experiencia (…) Que el que mejor ha sabido ser zorro, ése ha triunfado (…) No es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas. Y hasta me atreveré a decir esto: que el tenerlas y practicarlas siempre es perjudicial, y el aparentar tenerlas, útil. Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y religioso, y asimismo serlo efectivamente; pero se debe estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera necesario. Es preciso, pues, que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias, y que, como he dicho antes, no se aparte del bien mientras pueda, pero que, en caso de necesidad, no titubee en entrar en el mal”. Este último pasaje demuestra con toda claridad que la visión que Maquiavelo describió de la política es la clásica relación de dominación-sujeción, es la concepción vertical, de racionalidad instrumental que hace que gobierne una élite para su propio beneficio en detrimento de la mayoría del pueblo. Es por ello que AMLO ha planteado que es indispensable procesos institucionales de participación ciudadana, donde la política deje de ser tema de unos cuantos, y se convierta en actividad de todos, y para ello es necesario tener leyes e instituciones que permitan los procesos de participación ciudadana. Esta es una visión horizontal de la política para que sea transparente y democrática, entendiendo por democracia acciones directas del pueblo sobre los asuntos públicos, a través de instituciones y leyes diseñadas para tal efecto. Aunado a esto, la visión del león y del zorro es propia del mismo López Obrador, pero no en el sentido maquiavélico, sino que es un león que tiene fuerza gracias al apoyo y respaldo del pueblo; ahí radica la verdadera fuerza política y moral de cualquier líder, y AMLO ha demostrado esto en muchas ocasiones. Es astuto como zorro para escapar de las trampas políticas de la oposición, pero su astucia es reflejo de la experiencia (no de malicia o bribonería), del conocimiento que tiene de la política nacional y de los procesos históricos. El Presidente es un gran estratega y un ajedrecista político insuperable, eso es gracias a esa astucia de zorro que le ayuda a ir siempre dos pasos delante de sus adversarios políticos que, al no poder superarlo en términos políticos, se dedican a insultarlo y a asegurar que el país está al borde del colapso.

El capítulo XIX de El príncipe, busca dar consejos sobre como evitar ser despreciado y odiado. A la letra dice que “hace despreciable el ser considerado voluble, frívolo, afeminado, pusilánime e irresoluto, defectos de los cuales debe alejarse como una nave de un escollo, e ingeniarse para que en sus actos se reconozca grandeza, valentía, seriedad y fuerza (…) El príncipe que conquista semejante autoridad es siempre respetado, pues difícilmente se conspira contra quien, por ser respetado, tiene necesariamente ser bueno y querido por los suyos (…) el no ser odiado por el pueblo es uno de los remedios más eficaces de que dispone un príncipe contra las conjuraciones. El conspirador siempre cree que el pueblo quedará contento con la muerte del príncipe, y jamás, si sospecha que se producirá el efecto contrario, se decide a tomar semejante partido, pues son infinitos los peligros que corre el que conspira”. En este sentido, a AMLO nadie puede acusarlo de voluble, es un tipo obstinado, tenaz y perseverante que cumple sus compromisos (su carrera política lo demuestra sin lugar a dudas), él mismo ha dicho: “Ya me conocen ustedes y hasta mis adversarios lo reconocen de que soy perseverante, soy terco, soy necio, ya se me metió en la cabeza que vamos a acabar con la corrupciónporque daña a México y lo vamos a lograr, me canso, ganso”. Nadie puede tacharlo de frívolo, López Obrador jamás se ha caracterizado por ser una persona superflua y amigo de los lujos, muy al contrario, es consecuente y vive como dice, con entera austeridad y sin ningún tipo de lujos (hasta eso le critica la oposición). No puede ser tachado de “afeminado o pusilánime”, ya que es un hombre cabal que con hechos muestra carácter, decisión y hasta obstinación por cumplir con su palabra, en él no hay medias tintas ni titubeos. Ese carácter firme y congruente es lo que le ha valido el apoyo, el respeto y el cariño del pueblo. Un ejemplo de esto es la manera digna y sin titubeos en que ha enfrentado a Estados Unidos y a los Presidentes Donald Trump y Joe Biden; hoy a México se le ve de otra manera gracias a López Obrador. Los hechos son los que le han dado su calidad moral como dirigente político y nadie le puede regatear o reclamar que no sea congruente entre lo que dice y hace. Se podrá estar de acuerdo o no con él, pero de que es de una solo pieza, no cabe duda. Sólo quienes lo odian por haberles quitado sus negocios privilegiados al amparo del poder público, son los que orquestan campañas de desprestigio y de manipulación, pero la mayoría del pueblo se da cuenta de que la oposición como dice el mismo AMLO, está moralmente derrotada y eso, es lo que le ha permitido emprender un proceso de transformación profunda de la vida pública de México. Ni conjuras ni descalificaciones han servido para descarrilar al gobierno de la Cuarta Transformación. El apoyo de la mayoría es lo que lo mantiene firme, pues Maquiavelo afirmaba que “no hay mejor fortaleza que el no ser odiado por el pueblo, porque si el pueblo aborrece al príncipe, no lo salvarán todas las fortalezas que posea, pues nunca faltan al pueblo, una vez que ha empuñado las armas, extranjeros que lo socorran”.

Para terminar el tema, Maquiavelo afirmó que “la conclusión de que un príncipe, cuando es apreciado por el pueblo, debe cuidarse muy poco de las conspiraciones; pero que debe temer todo y a todos cuando lo tienen por enemigo y es aborrecido por él”. No hay que subestimar la podredumbre de la oposición que ataca a la Cuarta Transformación y sobre todo al Presidente Andrés Manuel López Obrador, porque han mostrado en infinidad de ocasiones lo putrefacto de su pensamiento e ideas, así como lo mezquino de su corazón. Se debe tener cuidado porque son capaces de todo.

Sin duda una de las cualidades de AMLO como líder y estratega político es que suma voluntades en favor del proyecto de transformación en lugar de restar, en este sentido hace caso del consejo de Maquiavelo que afirmaba que “los hombres que al principio de un reinado han sido enemigos, si su carácter es tal que para continuar la lucha necesitan apoyo ajeno, el príncipe podrá siempre y muy fácilmente conquistarlos a su causa; y lo servirán con tanta más fidelidad cuanto que saben que les es preciso borrar con buenas obras la mala opinión en que se los tenía; y así el príncipe saca de ellos más provecho que de los que, por serle demasiado fieles, descuidan sus obligaciones (…) más fácil conquistar la amistad de los enemigos, que lo son porque estaban satisfechos con el gobierno anterior, que la de los que, por estar descontentos, se hicieron amigos del nuevo príncipe y lo ayudaron a conquistar el Estado”. De este consejo también AMLO echa mano, aunque muchos lo critiquen por ello. Él ha pasado a su proyecto a muchos que en el pasado se declaraban sus detractores, sus adversarios casi irreconciliables. Como se mencionó anteriormente, López Obrador ha ganado para su causa a ex gobernadores y altos funcionarios públicos que trabajaron en pasadas administraciones. Para muchos dentro de morena es un error, porque se argumenta que en cualquier momento esos conversos lo pueden traicionar, y en parte hay razón para pensarlo, baste el ejemplo de gente como Lilly Téllez (Senadora), Germán Martínez Cázares (Senador y ex Director del IMSS) y Carlos Ursúa (ex Secretario de Hacienda). Sin embargo, son más los que por convicción o por conveniencia, dejaron las filas de sus antiguos partidos y se suman hoy a la Cuarta Transformación, con tal de que sus pasados neoliberales les sean redimidos, como el caso de Manuel Barttlet. Hoy se proclaman lopezobradoristas y defensores del proyecto de transformación. Por eso, como decía Maquiavelo, AMLO saca más provecho de ellos y hasta divide a la oposición que fustiga a quienes dejan sus filas para agregarse a las filas de morena o del Gobierno Federal y, para como se vislumbran las cosas, pareciera ser que AMLO debiera cuidarse más de quienes “por serle demasiado fieles, descuidan sus obligaciones”. De quienes se declaran sus más fervientes partidarios porque, a veces, esos son los primeros en voltear bandera cuando los vientos no les favorecen, basta recordar los casos de quienes no ganaron candidaturas y sienten que el partido, el movimiento, el proyecto y hasta el propio López Obrador, los han traicionado, cuando en realidad es al revés. Quien deja la causa por no ganar una candidatura, sólo demuestra su verdadero rostro de egoísmo, mezquindad y traición.   

En este sentido, Maquiavelo enfatiza en el capítulo XXI que “se estima al príncipe capaz de ser amigo o enemigo franco, es decir, al que, sin temores de ninguna índole, sabe declararse abiertamente en favor de uno y en contra de otro. El abrazar un partido es siempre más conveniente que el permanecer neutral. Porque si dos vecinos poderosos se declaran la guerra, el príncipe puede encontrarse en uno de esos casos: que, por ser adversarios fuertes, tenga que temer a cualquier cosa de los dos que gane la guerra, o que no; en uno o en otro caso siempre le será más útil decidirse por una de las partes y hacer la guerra. Pues, en el primer caso, si no se define, será presa del vencedor, con placer y satisfacción del vencido; y no hallará compasión en aquél ni asilo en éste, porque el que vence no quiere amigos sospechosos y que no le ayuden en la adversidad, y el que pierde no puede ofrecer ayuda a quien no quiso empuñar las armas y arriesgarse en su favor”. Sin duda AMLO aplica a la perfección este consejo. Él no se anda con medias tintas y confronta directamente a sus adversarios políticos; los llama por su nombre y apellido y dice constantemente “vámonos respetando, no somos iguales, que no me confundan porque eso sí calienta”. Siempre invita a partidarios y a detractores a tomar partido, posición política e ideológica y a manifestar sus intenciones abiertamente y critica las indefiniciones, por eso hace el llamado a que “no debe uno de zigzaguear, no hay que actuar en la indefinición en la política. Para él, quien está en la indefinición no es confiable, porque con todo mundo quiere quedar bien y eso no es posible: “nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas”[3].

Es por ello que AMLO ha procurado, aunque no siempre lo ha conseguido, rodearse de Secretarios de Estado y demás colaboradores del gabinete legal y ampliado íntegros, honrados y leales. A este tenor Maquiavelo dice en el capítulo XXII, De los Secretarios del Príncipe que, “no es punto carente de importancia la elección de los ministros, que será buena o mala según la cordura del príncipe (…) Pues hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí; el segundo entiende lo que los otros disciernen, y el tercero no discierne ni entiende lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil (…) Para conocer a un ministro hay un modo que no falla nunca. Cuando se ve que un ministro piensa más en él que en uno y que en todo no busca sino su provecho, estamos en presencia de un ministro que nunca será bueno y en quien el príncipe nunca podrá confiar”. En lo que va del sexenio de AMLO, ha habido varios ministros que han decepcionado, por ejemplo, Carlos Ursúa en la SHCP, Irma Eréndira Sandoval en la SFP y Julio Scherer Ibarra en la Consejería Jurídica de la Presidencia. El primero era evidente que no compartía la visión económica de la Cuarta Transformación; a la secretaria de la función pública, se le ha señalado que estaba más ocupada en su proyecto político personal y en apoyar a su hermano Amílcar Sandoval a ser candidato a gobernador por Guerrero; Julio Scherer tiene acusaciones de tráfico de influencias, nepotismo y conflicto de intereses, la FGR ya lo está investigando. Igual es el caso de Arturo Herrera en Hacienda, que al parecer actuó por cuenta propia para favorecer económicamente a gobernadores opositores que terminaban su mandato en 2021 y a quienes apoyó con recursos económicos que no les correspondían, lo cual le costó ser postulado para el cargo de gobernador del Banco de México. También está el caso de Santiago Nieto Castillo, ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, que por cuenta propia presentó su renuncia al presidente después de haberse casado en Guatemala con la consejera del INE, Carla Astrid Humphrey Jordan. Santiago Nieto no decepcionó por su labor al frente de la UIF, al contrario, todo parece indicar que su labor fue excelente combatiendo la corrupción, lo que al parecer decepcionó de él es que a su boda asistieran adversarios declarados de la Cuarta Transformación y del Presidente López Obrador. Personajes que AMLO constantemente ha señalado de corruptos, como el dueño del periódico El Universal, Juan Francisco Ealy Ortiz. Pero hay un caso paradigmático, el de Ricardo Monreal, quien bajo la mirada escrutadora de quienes son partidarios de López Obrador y de la Cuarta Transformación, ven al Senador Monreal como el Caballo de Troya dentro del partido y que juega a favor de sus propios intereses al buscar, a toda costa, la candidatura presidencial en 2024, ya sea por morena o tal vez por otro partido o coalición de partidos. Monreal no es Secretario de Estado de AMLO, pero durante tres años en el Senado ha sido operador político para sacar adelante reformas muy importantes para el proyecto de transformación, y al parecer eso le ha hecho creer que es indispensable en el movimiento y sucesor de López Obrador. Pero como dice Maquiavelo, “al príncipe no le gustan los amigos sospechosos”, y Monreal se ha hecho muy sospechoso por sus arrebatos y chantajes cuando no obtiene lo que quiere (como la candidatura a la jefatura de gobierno por morena en 2018) y por su extrema cercanía con opositores y adversarios declarados de AMLO, además de haberse declarado como de centro y criticar la radicalidad de la izquierda lopezobradorista.

En este sentido, es muy importante que AMLO tenga la astucia del zorro para adivinar las trampas, tanto dentro del gobierno y del partido-movimiento, como frente a la oposición. Por ello es importante que atine a seguir el consejo de Maquiavelo en el capítulo XXIII donde dice al príncipe, que debe “huir de los aduladores”. En este tenor Maquiavelo aconseja que “un príncipe prudente debe rodearse de los hombres de buen juicio de su Estado, únicos a los que dará libertad para decirle la verdad, aunque en las cosas sobre las cuales sean interrogados y sólo en ellas. Pero debe interrogarlos sobre todos los tópicos, escuchar sus opiniones con paciencia y después resolver por sí y a su albedrío. Y con estos consejeros comportarse de tal manera que nadie ignore que será tanto más estimado cuanto más libremente hable. Fuera de ellos, no escuchar a ningún otro, poner en seguida en práctica lo resuelto y ser obstinado en su cumplimiento. Quien no procede así se pierde por culpa de los aduladores o, si cambia a menudo de parecer, es tenido en menos”. Sin duda es conveniente que AMLO escuche a las personas de más confianza, pero también a aquellas que no lo son, como es el caso de aquellos que dentro del propio movimiento de transformación se quieren poner por encima de él, quien durante décadas ha lidereado y luchado por el pueblo; y es a este a quien de verdad Andrés Manuel se debe y a quien escucha. Por ello pareciera ser que al tabasqueño es difícil endulzarle el oído con adulaciones; todo indica que sabe distinguir a la perfección entre la admiración y la generosidad honesta y la zalamería lambiscona que busca alagarle para beneficio personal.

En este orden de ideas, pareciera que AMLO aplica la máxima de “mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos”, atribuida al legendario estratega militar chino, Sun Tzu. Esto también podría aplicar al Consejo Asesor Empresarial de la Presidencia, integrado por empresarios que asesoran y dan puntos de vista a López Obrador sobre temas económicos, pero que por otro lado no son los mejores ejemplos de probidad y amor por el pueblo, como el caso de Ricardo Salinas Pliego, que se niega a pagar sus impuestos al SAT. En fin, AMLO se ha rodeado de gente muy capaz pero también ha mantenido cerca a no convencidos de la Cuarta Transformación y que hoy están con él, pero hace no mucho hacían negocios con administraciones corruptas como las de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Vicente Fox, y peor aún, varios de esos empresarios ligados a Carlos Salinas de Gortari. Hoy están con él por conveniencia, mañana podrían apostar por otro príncipe que sí les garantice posibilidades de negocios al amparo del poder político, como hacían en anteriores sexenios. Basta recordar que uno de los ejes rectores de la Cuarta Transformación es la separación del poder económico del poder político; no más negocios al amparo del poder.

Siguiendo con esta idea de la separación del poder económico y del poder político, es importante señalar que para que tal cosa sucede efectivamente, se tienen que crear o modificar nuevas leyes e instituciones que lo garanticen. A este respecto Maquiavelo en el capítulo XXIV dice que “el príncipe tendrá la doble gloria de haber creado un principado nuevo y de haberlo mejorado y fortificado con buenas leyes, buenas armas, buenos amigos y buenos ejemplos (…) Y las únicas defensas buenas, seguras y durables son las que dependen de uno mismo y de sus virtudes”. Ya se ha señalado en el presente texto, que AMLO se ha dado a la tarea de crear leyes y transformar instituciones para poder consolidar su proyecto de transformación. A este respecto, cumple con el capítulo XXVI cuando Maquiavelo dice “nada honra tanto a un hombre que se acaba de elevar al poder como las nuevas leyes y las nuevas instituciones ideadas por él, que si están bien cimentadas y llevan algo grande en sí mismas, lo hacen digno de respeto y admiración”. Es por ello que mucho de lo que ha impulsado son reformas constitucionales que garanticen derechos, como la pensión universal a adultos mayores, por ejemplo. Hacer de esta pensión un derecho y no sólo un programa social, garantiza que los apoyos sean entregados sin importar quien esté al frente del Gobierno Federal y, sin en dado caso la oposición quisiera eliminar este derecho y tuviera la fuerza política para hacerlo, pagaría un costo político muy alto al eliminar un derecho que garantiza dignidad a los adultos mayores más necesitados. Baste recordar que al momento de votar esta reforma en el Poder Legislativo en la LXIV Legislatura, la oposición votó en contra de dicho derecho.

Siguiendo con la cita de Maquiavelo, es importante resaltar como las “virtudes” de AMLO lo han sabido sacar adelante en momentos muy difíciles y le han ganado la simpatía y apoyo de gran parte del pueblo. Tales virtudes pueden ser enlistadas así: congruencia (lo que dice que debe hacerse él pone el ejemplo y lo hace, como no ser ostentoso ni vivir con lujos); honestidad (jamás se le ha comprobado nada ni remotamente cercano a un acto de corrupción); amor al pueblo (sus más importantes acciones de gobierno van dirigidas a mejorar las condiciones de vida y a generar bienestar entre los más pobres, entre los marginados y explotados, es decir, entre el bloque social de los oprimidos); lo anterior puede resumirse en su autoridad moral (autoridad que le permite criticar a los corruptos, a los saqueadores de México, a los expoliadores del pueblo y a quienes se han enriquecido al amparo del poder político). Esas cualidades son las que le han ganado el afecto y respeto de gran parte del pueblo y el reconocimiento a nivel internacional, como uno de los mejores presidentes del mundo[4]. Frente a esas fortalezas es muy difícil oponerse con efectividad a un líder.

Una de las fortalezas cardinales que refiere El príncipe es la fortuna, la cual en el capítulo XXV Maquiavelo describe de la siguiente manera: “sin embargo, y a fin de que no se desvanezca nuestro libre albedrío, acepto por cierto que la fortuna sea juez de la mitad de nuestras acciones, pero que nos deja gobernar la otra mitad, o poco menos. Y la comparo con uno de esos ríos antiguos que cuando se embravecen, inundan las llanuras, derriban los árboles y las casas y arrastran la tierra de un sitio para llevarla a otro; todo el mundo huye delante de ellos, todo el mundo cede a su furor. Y aunque esto sea inevitable, no obsta para que los hombres, en las épocas en que no hay nada que temer, tomen sus precauciones con diques y reparos, de manera que, si el río crece otra vez, o tenga que deslizarse por un canal o su fuerza no sea tan desenfrenada ni tan perjudicial. Así sucede con la fortuna, que se manifiesta con todo su poder allí donde no hay virtud preparada para resistirle y dirige sus ímpetus allí donde sabe que no se han hecho diques ni reparos para contenerla (…) el príncipe que confía ciegamente en la fortuna perece en cuanto en cuanto ella cambia. Creo también que es feliz el que concilia su manera de obrar con la índole de las circunstancias”. Esa fortuna es equiparable con la suerte, por decirle de alguna manera, y como la suerte es impredecible, hay que estar preparado para hacerle frente cuando se presente (para bien o para mal) y, una forma de estar preparado es gracias a la virtud, que puede ser descrita como las cualidades y principios con los que cuenta el príncipe. La experiencia que AMLO ha adquirido a lo largo de toda su carrera política, lo ha hecho poder tratar de dominar la fortuna que describe Maquiavelo y no dejar las cosas al azar (como estratega político que es, ha planificado para hacer frente a las adversidades).

Como ejemplo de esto es la pandemia de covid-19. El coronavirus ha provocado estragos a escala planetaria en diversos campos; económico, político, social, cultural, laboral, etc. Ha dejado millones de muertos, de desempleados, ha cerrado fronteras y ha mostrado que la fortuna nos fue adversa en 2020 y 2021. Para el año 2022 se vislumbra una salida gracias a las diversas vacunas que se han hecho. La pandemia fue como ese río impetuoso que ha derribado todo a su paso y que ha mostrado nadie está realmente preparado para hacer frente a los imprevistos que puede acarrear la fortuna (la pandemia ha sido mala fortuna). En el caso de México no ha sido diferente. La pandemia reafirmó lo que ya era un secreto a voces, un sistema de salud en condiciones muy precarias para la mayoría de la población, sobre todo para los más vulnerables. Mostró aún más las grandes desigualdades que ha creado el neoliberalismo y la forma en que una pequeña élite privilegiada se ha enriquecido por décadas. Y más grave aún, descubrió el verdadero rostro de millones de personas que, con tal de dañar al gobierno de AMLO, fueron capaces de mentir, de denostar y desear la muerte para dañar la imagen del presidente y de su gobierno. Sin embargo, también demostró que hay millones de personas solidarias, altruistas y de nobles sentimientos que están dispuestas a hacer cosas para ayudar a otros y, a pesar de que la oposición haya dicho que la forma de enfrentar a la pandemia por parte del Gobierno Federal fue desastrosa, la verdad es que ha sido una responsabilidad compartida entre diferentes órdenes de gobierno y los Poderes del Estado. El gobierno de AMLO invirtió en programas para ayudar a la gente más necesitada en los momentos más difíciles de la pandemia, garantizo becas y apoyos para que los más pobres tuvieran un ingreso económico con el cual hacer frente a la difícil situación económica. Instrumentó un programa nacional de vacunación y al año de haberlo implementado, casi 85 millones de personas ya estaban vacunadas y el programa continua de forma permanente. En fin, AMLO supo hacer frente a la mala fortuna que representó la pandemia de la mejor forma que pudo con los recursos que tenía a la mano, supo conciliar “su manera de obrar con la índole de las circunstancias”. Mucho se ha especulado sobre qué hubiera sucedido si la pandemia de covid-19 hubiera ocurrido en los sexenios de Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto, ambos acusados de una enorme corrupción y de haber desmantelado el Sistema Nacional de Salud.

A Andrés Manuel López Obrador se le ha tachado de tirano y de dictador comunista, de autoritario y de coartar la libertad de expresión. Sólo por el desconocimiento que tiene la oposición de lo que es la dictadura o lo que es el comunismo, uno puede entender tales afirmaciones tan ligeras y sin fundamento. Hasta donde sabemos, a ninguno de sus más acérrimos atacantes se le han coartado sus derechos políticos o civiles, o se le han aplicado los famosos tres ierros que Gonzalo N. Santos aplicaba a sus adversarios políticos: “encierro, destierro o entierro”, como sí se hacía en sexenios pasados.

Desde que inició su carrera política ha sido un hombre de convicciones firmes, de una sola pieza y sin titubeos. A diferencia de muchos de sus detractores que, como el tenebroso José Fouché, han oscilado en el péndulo de la política según su conveniencia como lo hizo el ministro de Policía de Napoleón que, sin dudarlo, primero juró fidelidad al gobierno realista (monarquía); luego a la república y se convirtió en el más fanático jacobino de la Revolución Francesa (el mitrailleur de Lyon); después, al Directorio (forma de gobierno que se instaura después de la muerte de Robespierre), luego al Consulado (era napoleónica) y finalmente otra vez a la monarquía con Luis XVIII. Así son muchos de los más acérrimos opositores a AMLO, personas sin convicciones, camaleónicas y taimadas que, sin ideología ni principios, sólo buscan estar en la escena política, como lo hizo Fouché, para beneficio personal, para hacer negocios al amparo del poder político y tener privilegios de burocracia dorada. Pero no sólo actúan estos opositores como Fouché o acorde a los consejos del embajador florentino, también siguen el ejemplo de Julio Mazarino (político y diplomático francés con Luis XIII) que, según se dice en la Presentación de su libro Consejos para políticos, sus defectos han sido señalados con frecuencia: inclinación por el dinero, propio y ajeno, que despliega con esplendor; nepotismo que se refleja en una política de alcoba; transparente regodeo por la intriga”. Mazarino aconsejaba dirigirse y actuar a través de las mentiras, la simulación, la intriga, los fingidos elogios, el disimulo falso, el espionaje sobre la vida personal y la cínica hipocresía. Esos son los ejemplos de figuras históricas que, los “políticos profesionales” forjados en el viejo régimen político, hacen eco e imitación. Así es como la oposición entiende la forma de hacer política y el ejercicio del poder.

En cambio, AMLO apuesta por entender y ejercer la política no como una forma de enriquecimiento personal o como un método de uso abusivo del poder (la política es un ejercicio pedagógico que se enseña con el ejemplo, para bien o para mal; el ejemplo arrastra). Para él, la política es un noble oficio y como él mismo dice, la política sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás. Es por ello que sigue los consejos de Maquiavelo en lo que se refiere a ser comprensivo, empático y benévolo con el pueblo, con los más vulnerables y marginados. Jamás para adular o complacer a los poderosos, a las élites que estaban acostumbradas a mandar sobre quien estaba en Palacio Nacional.

Para terminar, a AMLO muchas personas le consideran el mejor presidente que ha tenido México en por lo menos los últimos 80 años. Sólo la balanza de la historia y de la justicia lo dirán. Lo que sí se puede afirmar es que ha sabido discernir entre lo actual y lo histórico de los consejos de Maquiavelo. Andrés Manuel López Obrador transcendió al príncipe renacentista para llegar a convertirse en un estadista democrático y popular.  Que el lector saque sus propias conclusiones.


[1] Biblia Reyna-Valera. Evangelio de Mateo, capítulo 12, versículos 34-35.

[2] Dussel, Op. Cit.

[3] Biblia Reyna-Valera. Evangelio de Mateo, capítulo 6, versículos 24.

[4] https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2021/10/25/amlo-es-el-segundo-lider-mas-popular-del-mundo-destaca-financial-times/

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