La oposición político-empresarial a la Cuarta Transformación – Víctor Alejandro Rosales García

Hablar de los grupos de presión, es hablar de una lucha
por tener influencia y por compartir subrepticiamente
parte del poder. Estos grupos no dicen abiertamente que
quieren el poder ni que estén luchando por él, sino más
bien luchan por sus intereses por conservar lo que ya
tienen o por aumentar éstos. En no pocas ocasiones
pretenden estos grupos actuar aparentemente por el
bienestar público, aunque en el fondo no es así.

¿Es necesaria la oposición política? Es la pregunta que justifica y da sentido al presente texto. En todo régimen político que se precie de ser democrático, es indispensable una oposición que tenga el papel de contrapeso y crítica a las decisiones, planes, programas, políticas y proyectos del gobierno en turno. Asegura Pasquino que (…) Los gobiernos necesitan tener como contraparte una fuerte oposición: esta representa la garantía y el derecho no de simple disenso de las minorías, sino de poder[1]. Una democracia requiere de un contrapeso fuerte, inteligente, articulado y que proponga alternativas claras y viables a las que instrumenta el gobierno del cual es oposición.

 

La némesis política (entendida como adversario o antagonista) puede diferenciarse y marcar distancia en términos ideológicos, programáticos, instrumentales o de cualquier otra índole, lo importante de entender es que cualquier oposición es parte de un mismo sistema político y sobre todo de un  régimen político democrático, y en la medida en que la oposición sea un factor real de poder que sirva como contrapeso, obligará a quienes detentan el poder del gobierno (de los gobiernos, contando los subnacionales) a ser más inteligentes y más preparados para el ejercicio del poder. Sin embargo, también puede llegar a suceder lo contrario, una oposición débil, sin imaginación, sin preparación y carente de un proyecto político y económico alterno, arrastra a sus adversarios partidistas y en el gobierno, a la mediocridad y a la soberbia que debilita ideológica y éticamente.

 

Cuando existe competencia inteligente, con propuesta y bien articulada, la ciudadanía que tampoco está de acuerdo con los proyectos y políticas del gobierno en turno (que por lo general pertenecen a ciertos estratos sociales fácilmente reconocibles), se identifica con esa alternativa política que oferta cambio y un viraje a la conducción política y económica de quien detenta el gobierno en ese momento. Tener proyecto alterno altamente estructurado e ideológicamente bien definido, así como legitimidad política, permite que la oposición se convierta en posibilidad real de cambio. Sin embargo, ¿Qué ocurre cuando la oposición no tiene proyecto, programa o siquiera ideas y su único papel se reduce a las injurias, las descalificaciones y hasta las mentiras abiertas en contra de sus adversarios políticos?

 

En un primero momento, se puede decir que una oposición que no representa una alternativa real de gobierno, debilita a la democracia, sus procesos, sus instituciones y sus principios, Si pensamos a la democracia como la representación política que se da dentro de las estructuras del poder político donde se toman las decisiones más importantes para un Estado, es indispensable que esa representación, que se hace a través de los partidos políticos, sea verdadera portadora de los intereses de quienes los han votado y confiado en ellos. Estas deficiencias pueden ser nombradas como parte de una “democracia de baja calidad”, sin embargo, más allá de señalar la “calidad democrática”, puesto que calidad tiene que ver más con productos o mercancías y reglas económicas de mercado donde se intercambian bienes y servicios, sería más conveniente que para el estudio de la democracia (más allá de la democracia procedimental-electoral), pudiéramos analizarla desde el punto de vista de la “funcionalidad” democrática. Entendiendo por “funcionalidad”, la situación en que se encuentra un sistema y un régimen democrático en un determinado momento histórico de la vida política de un país en particular y qué tanto esa funcionalidad democrática sirve para satisfacer intereses de diversos sectores poblacionales que, a lo largo de décadas, han sido marginados de la toma de decisiones efectivas.

 

Ahora bien, en el caso concreto del bloque que tiene la etiqueta de opositor al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y al Movimiento de Regeneración Nacional, podemos decir que es una oposición débil en términos políticos, carente de legitimidad y sin un proyecto alterno que haga frente a la denominada Cuarta Transformación. Este bloque está formado por tres partidos políticos: el Partido Acción Nacional, el Partido Revolucionario Institucional y el Partido de la Revolución Democrática. Por muy contradictorio que puedan parecer en términos programáticos e ideológicos, estos tres actores políticos, se han articulado de forma pragmática, dicen ellos, para combatir la dictadura[2] comunista de AMLO, sin saber ni entender siquiera el contexto histórico en el que surge el concepto que le endilgan al titular del Ejecutivo Federal. Maquiavelo[3] lo explica de la siguiente forma:

 

 (…) la dictadura era un cargo temporal y no perpetuo; nombrábase dictador para resolver  determinados conflictos y hasta que desapareciera; su poder alcanzaba  a determinar por sí mismo los remedios al urgente peligro, a ponerlos en práctica sin  necesidad de consultar, y a castigar sin apelación; pero no podía  hacer cosa alguna que alterase las instituciones del Estado, como lo sería privar de su autoridad al senado o al pueblo,  o derogar la antigua constitución política para establecer otra nueva”.

 

Este tipo de acusaciones sobre que México vive en una dictadura y que AMLO es quien encabeza dicha forma de ejercicio del poder político y coarta su derecho de libre expresión, son precisamente los síntomas sobre la debilidad y declive de la oposición, pues demuestran su falta de claridad con respecto a ciertos conceptos y categorías políticas y sobre otros temas, así como su mala fe al lanzar difamaciones malintencionadas sin sustento. En cualquier régimen político[4], autoritario o dictatorial (como acusan que hay en México), a la oposición se le persigue, se le encarcela y no se le permite el uso de la libre expresión a través de los medios masivos de comunicación. En el caso de nuestro país, la élite[5] empresarial, que dicho sea de paso, se ha convertido en jefe de los tres partidos políticos que conforman la coalición “Va por México”, gracias al poder del dinero, sigue siendo dueña de los grandes corporativos de medios como la radio y la televisión, de periódicos, revistas y grandes editoriales que publican lo que consideran pertinente para la defensa de sus intereses de élite, en un contexto así, donde se expresan libremente las posturas políticas, donde se lanzan difamaciones, mentiras y calumnias contra el presidente, su gobierno y el partido que lo postuló, y se usan esos mismos medios concesionados, ¿Dónde está el autoritarismo? ¿Cómo podemos pensar que existe una dictadura “comunista” en México cuando escriben, publican y hablan libremente? En las dictaduras los derechos civiles y políticos[6] son restringidos, simplemente recordemos la Alemania Nacionalsocialista, el Fascismo Italiano o el Stalinismo Soviético. En el caso de nuestro país, ¿A cuántos y a quiénes de los opositores le han sido coartados sus derechos fundamentales consagrados en la Constitución? ¿Quiénes han sido encarcelados, desterrados o desaparecidos como ocurría durante la llamada “guerra sucia”?

 

La oposición a la Cuarta Transformación (que en el campo político se le puede clasificar como de derecha conservadora[7]) ha usado estrategias de golpe blando[8] para tratar de desacreditar al proyecto de la 4T. Estas estrategias implican acusaciones abiertamente falsas o muy exageradas sobre corrupción, desabasto, criminalidad, manipulación de prejuicios anticomunistas o de posiciones ideológicas de izquierda, acusaciones sobre violaciones a derechos humanos como la libertad de expresión o de libre prensa, guerra psicológica donde se establece que de seguir con el mismo gobierno las cosas en materia política, económica y social irán directo al abismo de la crisis, intentos de desestabilización por medio de movilizaciones callejeras y presiones económicas por parte de empresarios que han perdido privilegios[9].

 

Este último punto es fundamental para entender cómo los grupos empresariales se transforman en grupos de presión para tratar de forzar o imponer al poder político sus puntos de vista para satisfacer sus intereses y demandas. A este respecto es importante decir que las organizaciones empresariales buscan influir en el poder político por medio de la acción que efectúan los lobbies[10]  y, con esto, confundirse con la actividad de un partido político. Con referencia a esto, Maurice Duverger señala que los grupos de presión, a diferencia de los partidos políticos, no participan directamente en la conquista del poder y en su ejercicio, sino que actúan sobre el poder, pero permaneciendo fuera de él, es decir, haciendo presión sobre él. Finalmente, agrega que la mayoría de los grupos de presión son organizaciones no políticas, pero con múltiples intereses[11], cuyas actividades fundamentales no son la presión sobre el poder. Toda asociación, todo grupo, toda organización, incluso aquellos cuya acción normal se halla alejada de la política, puede actuar en tanto que grupo de presión, en ciertos momentos históricos y en determinadas coyunturas cuando sus intereses se ven afectados[12]

 

Grupos de presión vs Cuarta Transformación

 

Un sistema democrático es tierra fértil para la aparición de grupos de presión que tratan de legitimarse a través de un discurso sobre la libertad de asociación, de reunión y de la expresión de las ideas. La democracia fracciona a la sociedad en diferentes y múltiples organizaciones; sus defensores argumentan que precisamente en la variedad del pensamiento y en la participación activa de la sociedad civil está la riqueza y fortaleza de la democracia; sus detractores señalan que es ahí precisamente donde se encuentra su debilidad. En nuestro país el sistema de partidos ejemplifica la variedad de voces en las estructuras de poder político, y al mismo tiempo, la sociedad goza del derecho de libre asociación para la defensa de sus intereses. Lo mismo que las asociaciones obreras, gremiales, patronales, etc.

 

Los distintos grupos políticos actúan por diversos intereses y de acuerdo con objetivos previamente establecidos. La participación política siempre busca algo en concreto: difundir ideas, defender derechos, ganar prorrogativas, influir sobre la opinión pública y sobre quienes toman las decisiones en el ámbito político[13]. Sin embargo, no todos los grupos participan y actúan de la misma forma. Hay quienes lo hacen por vías institucionales y apegadas a la normatividad establecida, en cambio hay quienes participan por otros medios (que pueden no ser legales) como un boicot, no pagar impuestos, ocupación ilegal de instalaciones y edificios por medio de la violencia, bloque del tráfico en grandes ciudades o en puentes fronterizos para impedir el tránsito de las mercancías, secuestros y toma de rehenes hasta llegar al asesinato. Quienes participan en política lo hacen confiados en que su intervención dentro del sistema político tendrá repercusiones positivas para su causa; es decir, nadie se organiza ni participa sólo por no tener en qué emplear el tiempo, siempre es por una causa específica y buscando lograr el objetivo que motivó la participación política. Siempre hay incentivos que hacen que organizaciones de la más diversa índole actúen en el sistema político sin ejercer directamente el poder, pero si presionando a quienes toman las decisiones para la consecución de intereses muy particulares[14].

 

Esto es lo que caracteriza a un grupo de presión: el afán de obtención de intereses muy específicos. Un partido político está a la caza del poder y de su ejercicio, mientras que los grupos de presión se abocan y emplean su fuerza en actuar sobre el poder, y así, de esta forma, situarse fuera del poder mismo. Pero al mismo tiempo, ejercen presión a través de diversos mecanismos para tratar de influir en las personas que están en el poder y en los lugares clave de toma de decisiones. El propósito de un grupo de presión es orientar los designios del poder hacia sus propios intereses sin asumir responsabilidad política alguna[15].

 

“Respecto a la clasificación de los grupos de presión se encuentra en relación con las estructuras socioeconómicas y la ideología del país. Unos tienen como objetivo principal la conquista de ventajas materiales para sus adherentes o la protección de situaciones adquiridas, es decir, que tienden a acrecentar el bienestar de la categoría que representan. Hay otros grupos que encuentran su razón de ser en la defensa desinteresada de posiciones espirituales o morales, en promover causas, o en afirmar tesis. A los primeros se les ha dado en llamarles “organizaciones profesionales” y a las segundas “agrupaciones de vocación ideológica[16]. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los grupos de presión con “vocación ideológica” pueden llegar a ser como las facciones y las fracciones en que la mayoría de las veces utilizan la ideología como medio de control y manipulación para obtener diversos beneficios que nada tienen que ver con las ideas ni mucho menos con una doctrina política.

 

Entre los grupos de presión más importantes encontramos a las asociaciones patronales (agropecuarias, industriales, mineras, pesqueras, comerciales, etc.); asociaciones de profesionistas, sindicatos y gremios de los más diversos oficios y actividades; federaciones de la más diversa índole, movimientos sociales y asociaciones estudiantiles, el clero, las fuerzas armadas, los medios masivos de comunicación que cuando desean alguna ventaja o ven afectados sus intereses no dudan en ejercer presión con toda la fuerza de que son poseedores, la oligarquía financiera, además de los representantes y gestores de los intereses económicos extranjeros, entre los más importantes[17]. Para la obtención de los fines que se proponen conquistar los grupos de presión se valen de algunos elementos de poder fundamentales: el número y/o la calidad de los miembros del grupo[18], los recursos financieros con los que cuentan y el grado de organización que hayan alcanzado. Dependiendo de los objetivos trazados es el número de miembros y la calidad de los mismos; para bloquear una carretera, un puente fronterizo o la toma de instalaciones gubernamentales o de alguna empresa privada se requiere de una cantidad de miembros suficientes y con gran determinación que estén dispuestos si es necesario a utilizar la violencia.

 

Por otro lado, un grupo de empresarios o de personas que se encuentran en posiciones clave que sin importar que sean pocos en términos numéricos pueden tener gran peso en calidad moral, en recursos económicos o de cualquier otra índole y esto los hace estar en una situación de poder presionar a quienes detentan el poder político y toman las decisiones. Otro factor primordial para la consecución de las metas y los objetivos planteados por un grupo de este tipo son los recursos económicos. Para poder influir en la opinión pública se requiere de grandes cantidades de dinero para publicidad en los medios masivos de comunicación como la prensa escrita, la radio y la televisión, las redes sociales, así como para la organización de la logística para llevar a cabo diferentes eventos como marchas, mítines o plantones. Mientras mayor cantidad de recursos económicos se tengan dentro de un sistema liberal-democrático como el que prevalece en la actualidad en la mayoría de los países del mundo, más grandes son las posibilidades de influir sobre decisiones de temas que interesan a los distintos grupos. En cuanto a la organización, un grupo de presión podrá obtener mejores resultados si está bien organizado; a mayor organización mejores resultados, en este sentido es importante recordar las tres fuentes del poder, de acuerdo con Galbraith: la personalidad, la propiedad y la organización[19].

 

Los métodos que emplean los grupos de presión son: 1) Persuasión. Se trata de poder inclinar a la autoridad competente para que tome decisiones a favor de ciertas posturas que respalda el grupo en cuestión; 2) Amenazas. Cuando las autoridades han sido poco perceptivas con las demandas de solución los grupos recurren a este método y pueden llegar tan lejos como las autoridades lo permitan. Para que las amenazas tengan mayor impacto es preciso publicitarlas para influir en la opinión pública y así de este modo las autoridades se ven presionadas para resolver satisfactoriamente las demandas, sin embargo, las amenazas pueden llegar a ser contraproducentes porque pueden hacer ver al grupo de presión como intransigente, intolerante y hasta violento. Las amenazas pueden ser de muy diversa índole: electoral (retirar el apoyo en las próximas elecciones), gubernamental (prestar apoyo a la oposición para derribar al gobierno, o recurrir a la “desobediencia civil”[20]), profesional (obstaculizar la carrera de un político o de un funcionario)[21]; 3) Dinero (no debemos perder de vista que la lucha por el poder político está íntimamente ligada a la lucha por el poder económico; sin dinero, difícilmente se tiene poder político). Los recursos financieros cuentan con la posibilidad de reforzar y perfeccionar los medios de acción (movilizaciones, información, propaganda, publicidad y promoción). El dinero, cuyo empleo se realiza no pocas veces al borde de la ilegalidad, cuando no da lugar a prácticas inequívocadamente corruptas: incluiría desde la simple contribución a los gastos de campaña de un candidato o de un partido al soborno de un político, un funcionario, etc.[22];  4) Sabotaje y acción directa. Por sabotaje entendemos el rehusarse a cooperar con los poderes públicos y emprender acciones que deslegitimen a las autoridades y que al mismo tiempo tiendan a provocar resultados positivos para el grupo por medio de sus actividades prácticas; la huelga es la táctica por excelencia de este método. La acción directa, aunque no pretende sabotear directamente la acción del gobierno, sí tiene gravedad suficiente como para condicionar su acción, en una u otra medida. Aquí entrarían tanto la huelga como las movilizaciones de protesta (en la vía pública, en las carreteras, etc.) que ocasionalmente pueden suponer el empleo de alguna forma de violencia[23].

 

Tipos de relación entre los partidos políticos y los grupos de presión

 

  • Los grupos de presión subordinados a los partidos políticos. En este tipo de relación es asimétrica e inclinada hacia el partido. El grupo de presión sigue las directrices que el partido ha trazado y se subordina a él de forma casi absoluta; como ejemplo de esto tenemos a organizaciones juveniles y de mujeres entre los más comunes, aunque también podemos encontrar a organizaciones deportivas, artísticas, literarias, estudiantiles, pequeños comerciantes, cooperativas, entre otras.
  • Los partidos políticos subordinados a los grupos de presión. Esta relación también guarda cierta asimetría sesgada hacia el grupo de presión. Uno o varios grupos de presión pueden coaligarse para utilizar a un partido para obtener influencia y dominio en el ámbito político, y, por lo tanto, en la toma de decisiones. En este sentido podemos situar a las cámaras de comercio y empresariales, organizaciones campesinas, sindicatos, grupos religiosos.
  • La cooperación igualitaria. La ayuda mutua que se brindan ambas organizaciones es de un intercambio más o menos parejo donde se pueden cambiar votos a favor de un determinado candidato o partido por prebendas económicas y políticas que ayuden al grupo de presión a conseguir sus objetivos. La cooperación igualitaria entre partidos políticos y grupos de presión la encontramos por lo pronto en circunstancias particulares, cuando partidos y grupos crean órganos de cooperación provisional, con el fin de hacer frente a una situación determinada[24].
Elaboración propia con información de Martínez Gil, José de Jesús. Los grupos de presión y los partidos políticos en México, Porrúa, México, 1992.
Moodie, Graeme C. y Studdert-Kennedy, Gerald. Opiniones, públicos y grupos de presión, Colección Popular no. 148, FCE, México, 1975.
Duverger, Maurice. Sociología Política, Ariel, Barcelona, 1972.

 

Ahora bien, de acuerdo a lo expuesto hasta aquí, ¿qué caracteriza a la oposición en el sexenio de AMLO? Pues bien, ya se había hecho referencia a la coalición electoral del PRI, PAN y PRD, así como a la alianza “Va por México”, que incluye, además de esos partidos, al empresario Claudio X. González Guajardo, que encabeza la Asociación Civil Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI). Este empresario es parte de una élite económica que hacía enormes negocios con los gobiernos de administraciones pasadas. Esa relación empresarios-gobierno, generó enormes fortunas para una pequeñísima clase empresarial que se incrustó en el poder gubernamental y podría decirse que se puso por encima del propio poder político. Los mejores ejemplos de esto nos vienen desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto, en los cuales Claudio Xavier González Laporte (papá de quien encabeza MCCI) ha estado íntimamente ligado al poder presidencial[25].

 

El enfrentamiento entre Andrés Manuel López Obrador y Claudio X. González Laporte, es añejo, sin embargo, desde 2018 en que el tabasqueño asume la presidencia, fue que se recrudecieron las hostilidades porque AMLO, terminó con los grandes negocios que favorecían a esa pequeña élite empresarial y, ha llegado a tal punto el enfrentamiento entre gobierno y oposición, que González Guajardo ha continuado con la pugna por recuperar privilegios y asediando al gobierno de la Cuarta Transformación.

 

Esta oposición, de acuerdo con la teoría hasta aquí expuesta sobre los grupos de presión, podemos catalogarla de la siguiente manera: hay una clara subordinación de los partidos PRI, PAN y PRD al poder empresarial (recordar que el financiamiento es una enorme fuente de poder) que encabeza Claudio X. González Guajardo. El grupo económico que encabeza este último, no pretende la conquista del poder político para sí mismo (o al menos no lo ha dicho todavía abiertamente), puesto que no es un partido, pero usa a los tres partidos políticos como arietes para influir y presionar sobre decisiones políticas de suma importancia, como es en el Poder Legislativo, por ejemplo, donde si bien es cierto la oposición no tiene mayoría, si cuenta con el número suficiente de legisladores para frenar las reformas constitucionales que al Ejecutivo Federal le importan más, como la reforma eléctrica, la reforma electoral y la reforma a la Guardia Nacional. Por eso podemos asegurar que esta élite empresarial es un grupo de presión que influye directamente en el poder que detentan tres partidos coaligados en “Va por México”. De igual forma, este grupo empresarial pasó de socio del gobierno a ser opositor activo, las circunstancias y la coyuntura actual le convirtieron en grupo de presión.

 

La élite económica que representa González Guajardo, es un poderoso grupo de interés económico que puede ser catalogado como la oligarquía financiera nacional, donde hay grandes empresarios con enormes inversiones en la Bolsa Mexicana de Valores y dueños de grandes empresas. Se caracteriza por ser un grupo de notables que no buscan cantidad, sino calidad de sus integrantes, es decir, empresarios que pertenezcan al Consejo Coordinador Empresarial y demás asociaciones empresariales que su mayor interés son los negocios para obtener ganancias. Es por ello que no buscan el poder político como fin en sí mismo, lo que sí hacen los partidos políticos coaligados en “Va por México”, sino influir sobre aquel y, esta relación en la actualidad, deja ver una clara y evidente asimetría que se inclina hacia la oligarquía financiera que representa Claudio X. González como grupo de presión, en detrimento de los tres partidos políticos que, pareciera ser, se han postrado ante el poder del dinero y ante los pésimos resultados electorales que han venido obteniendo desde 2018 a 2022. 

 

Tanto el PRI, el PAN y el PRD, se han convertido en la comparsa del poder oligárquico, en el brazo político ejecutor de un grupo de presión que a toda costa busca recuperar sus privilegios apoyando a candidatos políticos que le garanticen la continuidad de los negocios y la condonación o devolución de impuestos (aunque esto ya esté prohibido en la Constitución, gracias a una reforma enviada por AMLO en 2019).

 

“Va por México” se ha valido de múltiples estrategias para desacreditar al presidente Andrés Manuel López Obrador, a su gobierno, al proyecto que encabeza y hasta a familiares como el caso de su hijo José Ramón López Beltrán, acusado de tener una “mansión” en Estados Unidos[26]. Se ha valido de mentiras, calumnias y señalamientos sin sustento ni fundamento, como que el titular del Ejecutivo Federal está involucrado con el narcotráfico, así como lo dicta el manual del golpe blando[27]. Todo ello gracias al poder que le da el dinero. Si los opositores carecen de cuadros, de credibilidad, de imaginación y de ética, si cuentan con recursos financieros suficientes para el golpeteo político; basta recordar que, como parte de los elementos que se requiere para actuar como grupo de presión, la parte financiera es muy importante para la búsqueda del logro de sus objetivos.

 

Esta élite oligárquica que tiene como figura más visible a Claudio X. González Guajardo (algunos dicen que él solo es el vocero, los verdaderos oligarcas no aparecen y permanecen escondidos en las sombras para evitar hacerse visibles y ser reconocidos), y como sus golpeadores políticos a las dirigencias de los tres partidos ya mencionados, ha echado mano de múltiples métodos de acción para golpear políticamente al presidente Andrés Manuel López Obrador. Estos opositores como dueños de medios masivos de comunicación, tienen mercenarios de la pluma, de la radio y de la televisión que, un día sí y al otro también, buscan desacreditar las acciones de gobierno como la construcción del Tren Maya o la Refinería Olmeca en Tabasco, entre muchos otros programas y proyectos. Dichos personajes mediáticos hacen el trabajo sucio del grupo de presión que les paga, para atacar con críticas (muchas veces infundadas), con mentiras y calumnias que llegan a ser muy violentas verbalmente y que incluso se dan el lujo de insultar al presidente. Estos testaferros de los medios masivos de comunicación, son contratados como sicarios a sueldo y hacen uso de la publicidad y la propaganda para difundir que México vive el peor momento de su historia en términos de libertad de expresión y de pérdida de libertades. Lo paradójico es que hacen uso de medios masivos para difundir sus mensajes de odio sin que el gobierno les censure o deje fuera del aire. ¿En qué dictadura los opositores son dueños de los medios y difunden sin cortapisas su propaganda antigubernamental?

 

El grupo de presión empresarial (que seguramente está integrado por otros subgrupos que han perdido privilegios y buscan regresar por sus fueros) del que es vocero Claudio X. González Guajardo, hace uso de su inmenso poder económico para costear grandes campañas de propaganda negativa contra toda obra, proyecto y decisión del gobierno federal. Pagan enormes cantidades de dinero, como lo dicta el manual del golpe blando, para tratar de influir en la opinión pública y en ciertos sectores acomodados y muchos de clase media, que sienten sus privilegios de clase vulnerados; entre estos sectores, usan la propaganda como estrategia de persuasión para dar a entender, que un gobierno de izquierda afecta las libertades civiles y políticas, así como las inversiones y el buen desarrollo de los negocios de las empresas nacionales y transnacionales. Lamentablemente, mucha de esa clase media, a través de esas campañas de odio y mentiras, alimentan sus propios prejuicios y su falsa conciencia de clase, porque, aunque muchas de esas personas tengan un buen nivel de vida gracias a un ingreso digno, no dejan de ser parte de la clase asalariada y no forman parte de la verdadera élite económica y empresarial del país; de los dueños del capital.

 

Este grupo de presión opositor al proyecto de la Cuarta Transformación, también ha hecho uso del sabotaje para impedir el avance de proyectos de infraestructura como sucedió con el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, el Tren Maya, la Refinería de Dos Bocas o el Tren Transístmico, obras que se ha buscado obstaculizar por medio de múltiples amparos, los cuales no han prosperado por no tener sustento.

 

De igual manera, otra estrategia de sabotaje que ha utilizado este grupo de presión, es contar con personas servidoras públicas incrustadas en las estructuras del Estado, como el Poder Legislativo y el Poder Judicial, y en menor medida en el Poder Ejecutivo Federal. Son personas afines a la oligarquía que defienden sus intereses, y aunque ellos no pertenecen a esa élite, si reciben pagos marginales por sus servicios como infiltrados y saboteadores institucionales; basta recodar la declaración de la coalición PRI, PAN y PRD que establecieron una “moratoria legislativa”[28] para no aprobar nada que impulse Morena y menos que provenga como iniciativa del presidente Andrés Manuel López Obrador. Dicha actitud es claramente una forma de intención de sabotaje del proyecto de transformación desde dentro. Existen estructuras burocráticas donde la corrupción ha sido y en muchos casos todavía es la constante, parte de la vida cotidiana de las instituciones públicas, y quienes se han visto beneficiados, son quienes desde dentro, aun sin estar necesariamente vinculados a la oligarquía que representa Claudio X. González Guajardo, pero si como parte de un grupo de presión más pequeño como son los sindicatos de las instituciones públicas, son quienes siguen manteniendo formas anquilosadas de hacer y ejercer el poder en los diferentes órdenes de gobierno. Estas son vías formales e informales de sabotear desde el interior, ya sea participando directamente en altos cargos de dirección o por medio de terceros que están a sueldo de quienes buscar descarrilar la transformación de las estructuras organizacionales burocráticas y corrompidas por décadas.

 

En pocas palabras, es evidente que la coalición “Va por México” es un grupo de presión con las características que aquí se han descrito desde la teoría política. En este sentido, es importante destacar que nuestros análisis de la realidad política, económica y social, deben ser construidos desde la teoría y no sólo desde la percepción, por muy aguda y bien informada que esta pueda ser. Afirmar que el grupo empresarial, que tiene como vocero a Claudio X. González Guajardo, es un grupo de presión con todas las características aquí descritas, es porque tiene precisamente tiene ese respaldo teórico que da sustento y coherencia a las afirmaciones aquí hechas.

 

[1] Pasquino, Gianfranco. La oposición en las democracias contemporáneas, Editorial Eudeba, Argentina 1997, p. 10.
[2] “La dictadura romana era un órgano extraordinario que se podía activar, según procedimientos y dentro de límites constitucionalmente definidos, para hacer frente a una situación de emergencia. El dictador era nombrado por uno o ambos cónsules bajo propuesta del senado, a quien competía la aceptación de la situación que hacía necesario el recurso a la dictadura. El cónsul no podía autonombrarse dictador. ni este último podía declarar el estado de emergencia. El fin para el que se nombraba un dictador estaba claramente delimitado. y el dictador debía atenerse a él. Habitualmente se trataba de la conducción de una guerra (diciatura rei gerendae causa) o de la solución de una crisis interna (dictatura seditionis sedandae et rei gerendae causa)”. Bobbio, Norberto, et. al, Diccionario de Política, voz Dictadura, Siglo XXI, México, 2000, p. 492.
[3] Maquiavelo, Nicolás. Discursos Sobre la Primera Década de Tito Livio, Alianza editorial, España, 2018.
[4] “(…) Llamamos “régimen político” al subsistema constituido por el conjunto de las instituciones políticas de un sistema social (…) Para algunos, régimen político y sistema político son expresiones sinónimas: una y otra designan el conjunto coordinado de las instituciones políticas, que constituye el subsistema político de un sistema social. Para nosotros, el término “sistema político” designa un conjunto más amplio que “régimen político”. Estudiar un sistema político no es solamente analizar sus instituciones políticas y su disposición coordinada como régimen político. Es también estudiar las relaciones entre este régimen y los demás elementos del sistema social: económicas, técnicas, culturales, ideológicas, históricas, etc.”. Duverger, Maurice. Instituciones Políticas y Derecho Constitucional, editorial Ariel, España, 1986.
[5] “La historia de todas las sociedades ha sido, es y será la historia de las minorías dominantes (…) gobierno de élite significa la manipulación colectiva de masas por un pequeño grupo dirigente o varios de esos grupos. Presupondremos que todos los miembros de la élite son receptivos al interés o los intereses de su grupo; que esta receptividad es causada o afectada, a su vez, por un sentido, implícito o explícito, de solidaridad de grupo o de clase; y, por último, que esta solidaridad se expresa por una voluntad común orientada hacia la acción (…) Históricamente, élite fue, en efecto, el término con que los franceses designaban a los <<mejores>>. Así como hoy nos referimos a <<divisiones de ataque>> o a <<batallones de asalto>>, ellos denominaban <<formaciones de élite>> a los regimientos de la guardia real. Los <<selectos>> o <<elegidos>> de las antiguas iglesias se convirtieron, secularizados, en la creme de la société, la capa superior de la sociedad. Por último, élite dejó de ser una palabra francesa, transformándose en lo que es ahora: el rótulo que designa a quienes, por cualquier razón –quizá muy poco valedera- se destacan y se sitúan por encima de los demás.  Sin embargo, (…) al estudiar las sociedades históricas en las cuales la <<circulación de las élites>> no es enteramente libre, Pareto nos comunica de pronto, la posibilidad de que quienes se hallan arriba no sean, después de todo, los Mejores, que pueden ser alejados del poder por hombres inferiores firmemente establecidos en sus puestos. Cabría preguntar, entonces, cómo podemos medir la superioridad o la inferioridad de una élite sin contar, o suponer que contamos, con otra norma que la del hecho real del éxito”. Meisel, James J. El mito de la clase gobernante. Gaetano Mosca y la élite, Amorrortu editores, Argentina, 1962. pp. 7-19.
[6] “Las libertades civiles o libertades de las personas conciernen, sobre todo, a la actividad privada, pero pueden ser utilizadas también en el dominio político. Comprenden ante todo la seguridad o protección contra los arrestos y detenciones arbitrarias (…) Forman parte igualmente de estas libertades la inviolabilidad del domicilio, la libertad de correspondencia, la libertad de residencia (libertad de circulación y desplazamiento, etc.). Se pueden también añadir las libertades familiares: derecho de casarse sin intervención del Estado, derecho de educar libremente a los hijos, derecho de divorciarse, etc. (…) Las libertades públicas se refieren a la acción colectiva, es decir, a las relaciones de los ciudadanos entre sí. Comprenden esencialmente la libertad de prensa y de otros medios de expresión (libros, radio, televisión) la libertad de espectáculos, la libertad de reunión y la libertad de manifestación, la libertad de asociación”. Maurice Duverger, Op. Cit. pp. 91-92.
[7] Esta posición conservadora de derecha, hace a esta coalición anti-igualitaria, debido a que “aquellos que se declaran de izquierdas dan mayor importancia en su conducta moral y en su iniciativa política lo que convierte a los hombres en iguales, o a las formas de atenuar y reducir los factores de desigualdad; los que se declaran de derechas están convencidos de que las desigualdades son un dato ineliminable, y que al fin y al cabo ni siquiera deben desear su eliminación (…) Bobbio, Norberto. Derecha e Izquierda. ¿Existen aún la izquierda y la derecha? Editorial Punto de Lectura, México, 2001, p. 17. Para Bobbio, la díada izquierda-derecha sigue existiendo y es muy vigente, sólo que ahora, podríamos decir que “el viejo binomio podría ser sustituido oportunamente por este otro: progresistas-conservadores”, p. 52.
[8] Teoría desarrollada en Estados Unidos por Gene Sharp en 1983, bajo el Programa sobre las Sanciones No Violentas en el Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard.
[9] https://guevarista.org/blog/notas-de-opinion/3-gene-sharp-y-su-teoria-de-golpes-blandos.html
[10] Lobbies se traduce como antesala o antecámara y se refiere a las organizaciones especializadas en las intervenciones ante los congresistas, jefes de Estado y altos funcionarios. 
[11] “Mientras el sociólogo tiende a hablar en términos de valores y sistemas de valores, el estudioso de la política tiene por terreno clave el de los intereses. Lo que le concierne es quién tiene poder y cuánto (…) En otras palabras, el elemento interés se convierte en central porque la cuestión del poder político es una cuestión de intereses, no de valores”. Jerez, Miguel. Los grupos de presión, en Rafael del Águila et.al., Manual de Ciencia Política, Editorial Trotta, Madrid, 2000, p. 292.
[12] Maurice Duverger, Sociología política, Barcelona, Ariel, 1972, p. 376.
[13] “(…) la participación política es aquel conjunto de actos y de actitudes dirigidos a influir de manera más o menos directa y más o menos legal sobre las decisiones de los detentadores del poder en el sistema político o en cada una de las organizaciones políticas, así como en su misma selección, con vistas a conservar o modificar la estructura (y por lo tanto los valores) del sistema de intereses dominante”. Gianfranco Pasquino, Manual de Ciencia Política, Alianza Editorial, Madrid, 1996, p. 180.
[14] Moodie, Graeme C. y Studdert-Kennedy, Gerald. Opiniones, públicos y grupos de presión, Colección Popular no. 148, Fondo de Cultura Económica, México, 1975, p. 111.
[15] Duverger, Instituciones Políticas y Derecho Constitucional, Op. Cit., p. 606.
[16] Cita de Jean Meynaud tomada de Martínez Gil, José de Jesús. Los grupos de presión y los partidos políticos en México, Porrúa, México, 1992, pp. 91-92.
[17] “(…) la mayoría de los grupos de presión son organizaciones no políticas, cuyas actividades esenciales no son la presión sobre el poder. Toda asociación, todo grupo, toda organización, incluso aquello cuya acción normal se halla alejada de la política, pueden actuar en tanto que grupo de presión, en ciertos terrenos y en ciertas circunstancias”. Duverger, Maurice. Sociología Política, Ariel, Barcelona, 1972, p. 376.
[18] Para Duverger existen grupos de masas y de cuadros al igual que en los partidos políticos. “(…) los grupos de masas tratan de reunir el mayor número posible de adherentes, porque es de este número de donde obtienen su poder efectivo como en los partidos de masas, el encuadramiento de millares o de millones de hombres obliga a desarrollar una organización fuerte y jerarquizada. Los sindicatos obreros son el prototipo de los grupos de masas. Otros muchos grupos se han creado sobre su modelo: organizaciones campesinas, confederaciones de artesanos o de pequeños empresarios, etc. Pero encontramos grupos de masas fuera del dominio corporativo o sindical: movimientos de jóvenes, asociaciones de excombatientes, organizaciones femeninas, sociedades deportivas o culturales, etc. Por otro lado, los grupos de cuadros no buscan la cantidad, sino la calidad, es decir, redirigen a los notables sociales, a los “cuadros” como se dice hoy. A veces, Esta organización sobre una base restringida resulta de una voluntad deliberada. Se dirige mejor a los cuadros que a las masas, porque parece más eficaz con vistas a la acción que se desea entablar”. Ibidem, pp. 386-387.              
[19] Keneeth Galbraith, John. Anatomía del Poder, Edivisión, México, 1989, pp. 20-21.
[20] “El método de la resistencia pasiva ha sido considerado paradójicamente como una variante de la violencia que tendría la finalidad de crear el clima apropiado para las negociaciones con los destinatarios de la presión”. Miguel Jerez, Op. Cit.  p. 311.
[21] Ibidem., p. 310.
[22] Ibidem.
[23] Ibidem., p. 311.
[24] Maurice Duverger, Sociología Política, pp. 387-390.             
[25] https://www.ejecentral.com.mx/claudio-x-gonzalez-laporte-consejero-del-poder/
[26] https://www.infobae.com/america/mexico/2022/02/22/baker-hughes-descarto-conflicto-de-interes-en-casa-gris-de-jose-ramon-lopez-beltran/
[27] Primera etapa: ablandamiento (empleando la guerra de IV generación)
1) Desarrollo de matrices de opinión centradas en déficit real o potenciales; 2) Cabalgamiento de los conflictos y promoción del descontento; 3) Promoción de factores de malestar, entre los que destacan: desabastecimiento, criminalidad e inseguridad; 4) Denuncias de corrupción, promoción de intrigas sectarias y fractura de la unidad.
https://guevarista.org/blog/notas-de-opinion/3-gene-sharp-y-su-teoria-de-golpes-blandos.html
[28] “Con su anuncio de “moratoria legislativa”, PRI, PAN y PRD pretenden frenar no sólo reformas constitucionales presentadas por el presidente Andrés Manuel López Obrador, sino también las de Morena, que se refieren a cambios de trascendencia para los mexicanos y el país, advirtieron los diputados Aleida Alavez y Leonel Godoy y el senador César Cravioto. La mal llamada moratoria que tratan de imponer los dirigentes de los partidos de la Alianza Va por México, luego de su derrota” en el proceso electoral del pasado cinco de junio, viola disposiciones constitucionales y el compromiso de legislar a favor de la ciudadanía”. https://www.jornada.com.mx/notas/2022/06/19/politica/moratoria-legislativa-atenta-contra-el-compromiso-de-legislar-morena/

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