La transformación que viene – Juan Barrera Cordero

LA TRANSFORMACIÓN QUE VIENE

SITUACIÓN

“Si no puedes con el enemigo únete a él”. Tres años después de iniciado el gobierno de AMLO, el PAN y los empresarios cambiaron de estrategia. El 25 de enero Santiago Creel entregó una carta al Secretario de Gobernación, Adán Augusto López. En pocos días, iniciaron mesas de diálogo temáticas sobre seguridad, salud, economía y medio ambiente.

En otro tenor, a finales de enero de este año hubo una reunión del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios con el Presidente, en Palacio Nacional. Estuvieron en ella, Claudio X. González padre; Adrián Sada; Antonio del Valle; Daniel Servitje; además de Carlos Salazar; Blanca Treviño, Alejandro Ramírez; Valentín Díaz Morodo. O sea: la Mafia del Poder.

Todos esos empresarios han sido opositores y financiadores de campañas anti AMLO durante quince o más años. Si algo tiene claro el poder económico es que los políticos son efímeros, por eso en algunos casos los han considerado como ‘fusibles’: se quita uno y se pone otro.

Aparentemente comprendieron al fin que no ha funcionado la estrategia de golpeteo mediático permanente y oposición sistemática a todas las acciones de gobierno. Hubo también acercamiento de algunos gobernadores y ex gobernadores, sobre todo del PRI.

En este contexto sigue habiendo vacilaciones, titubeos e inconsistencias en torno a la que acaso sea la puja política central y más desafiante del sexenio: la aprobación de la Reforma Eléctrica. Esto sobre todo por el peso de los intereses internacionales, que se juegan en este proceso el predominio creciente que habían tenido sobre el mercado energético mexicano.

En realidad, las fracciones partidistas en el Congreso quisieran esperar a conocer los resultados de la elección de este año, y negociar con base en una correlación de fuerzas ya establecida.

¿CÓMO VAMOS?

El rostro visible de la Cuarta Transformación es el gobierno de AMLO y su partido Morena. Ante ellos destacan como adversarios, en orden de aparición:

  1. El poder político formal: electoral y territorial.
  2. El poder mediático, principalmente de los medios corporativos: radio, TV y cadenas periodísticas.
  3. El poder de los grandes sindicatos, que se resisten a democratizarse.
  4. El poder del crimen organizado, que domina importantes territorios, con derivaciones y alcances transnacionales.
  5. El poder económico, nacional e internacional, sobre todo el financiero.
  6. El contexto geopolítico que está cambiando rápidamente.

 

El 6 de junio de 2021 creció sensiblemente el número de Estados gobernados por Morena, si bien en pocos casos se ganó con candidatos idóneos. Quizás porque no existen, hoy por hoy, candidatos idóneos. Como consecuencia de estas elecciones, se disolvió la Alianza Federalista y los partidos políticos de oposición perdieron dominio territorial y presupuestal.

Frente a las elecciones de este año 2022 y previsiblemente para el 2024, el enemigo político formal, electoral, no tiene las probabilidades a su favor. La sucesión de AMLO se jugará al interior de Morena. Morena es hoy por hoy el partido dominante y el único que tiene una propuesta, un discurso y algunos liderazgos con proyección nacional.

Por otra parte, a través de las conferencias mañaneras, el Presidente ha cuestionado frontalmente el papel de los medios de comunicación corporativos. Desde ese espacio sostiene cotidianamente un enfrentamiento con el poder mediático.

El poder mediático corporativo, a nivel global, es una industria en crisis que no ha logrado adaptarse al cambio tecnológico, que determinó el cambio de las audiencias cautivas a la diversidad de opciones, y sobre todo un cambio de protocolos que dejó obsoleto el monopolio en la producción de contenidos.

En otro aspecto, merece mención el reciente relevo en la dirigencia del sindicato de Pemex, por el peso simbólico y estratégico de esta empresa. Es imposible, en mi opinión, en un período en que la apuesta central de la Cuarta Transformación es recuperar soberanía energética rescatando a Pemex y a la CFE, atacar al mismo tiempo la corrupción y el cacicazgo sindical en esas empresas del Estado.

Por otra parte, como nos recordó el doctor Armando Bartra, la democracia sindical es una tarea pendiente que deben realizar los trabajadores, no el gobierno de la República.

En resumen, sobre los adversarios políticos mantenemos cierta ventaja, pero no debemos confiarnos, en vista de los resultados ambiguos del 6 de junio; en la batalla mediática vamos “tablas” o al menos no vamos perdiendo; con los cacicazgos sindicales estamos “en pausa”.

Otros adversarios, como los intereses económicos enquistados en prácticas del “capitalismo de cuates” y otros negocios dudosos o el crimen organizado, aún no han sido atacados frontalmente. Lo que intento mostrar hasta aquí es que los adversarios de la 4T y los poderes fácticos que se oponen a la transformación del país son de varias categorías y que deben enfrentarse uno a uno, o cuando mucho hasta donde lo permita la correlación de fuerzas.

¿QUÉ PELIGROS NOS AMENAZAN?

Derrotar en las urnas a los partidos políticos es solo el principio para desmontar la estructura hegemónica que ha construido la oligarquía y los grupos económicos y delincuenciales sobre el funcionamiento del país. Esto es porque detrás de las etiquetas de los partidos políticos y de las corporaciones empresariales, están las redes de poder familiares y de negocios que solo cambian de nombre o de fachada y siguen adelante. Muchos de esos grupos están integrados como grupos económicos locales o estatales: el Grupo Monterrey, el grupo Durango; el grupo Sonora, etcétera. Otros son más bien clanes dinásticos de inmigrantes que se mantienen con bajo perfil… Es el caso de los estadunidenses, de los españoles, los libaneses, los turcos, coreanos y chinos, etcétera. Muchos de ellos conservan nexos con sus países de origen. Hay clanes, cofradías y hasta mafias de todos tipos y colores. Por otra parte, hay muchos personajes oscuros todavía activos en la política mexicana, desde los Cabeza de Vaca hasta los Yunes y varios ex gobernadores señalados por sostener nexos con el crimen organizado, de los cuales al menos seis están presos y otros tantos deberían estarlo. Necesitamos recordar que después de Lázaro Cárdenas vino un personaje gris como Ávila Camacho y más adelante Miguel Alemán, que fue quien consagró el uso de los cargos públicos como plataforma para realizar negocios privados. Así comenzó el amasiato del poder político con el poder económico. Campo fértil donde luego germinó y floreció la rapiña y la corrupción neoliberal.

Los empresarios y políticos neoliberales no se van a ir necesariamente contra la 4T o contra quien suceda a López Obrador, sino que buscarán apropiarse de sus frutos maduros y sus obras emblemáticas, buscando capitalizar los beneficios de una época de creación de infraestructura y modernización de las instituciones.

La alianza de políticos oscuros con intereses económicos enquistados en la madeja de corrupción del antiguo régimen, es una amenaza latente que se cierne sobre los logros de la 4T. En este sentido se hará prioritario defender lo logrado en términos de infraestructura productiva y obras de calado histórico, como el tren trans ítsmico, que detonará una actividad económica de enormes proporciones en una región tradicionalmente olvidada por las políticas de desarrollo.

MIENTRAS TANTO, EN MORENA

Por otra parte, en su vida interna, Morena sigue desestructurado y sin un liderazgo claro, su mayor “fortaleza” es la aún mayor desorientación y desorganización de sus adversarios políticos. Precisamente por eso es que el lugar desde el que puede venir una oposición organizada es el propio Morena.

Existen multitud de grupos y cacicazgos políticos que esperan aprovechar el ascenso del movimiento para restaurar las antiguas prácticas y para impulsar sus ambiciones de poder. A este respecto, la operación de Mario Delgado en la selección de candidat@s es muy preocupante. A través de él opera lo que parece una estrategia de colonización política del partido.

Una característica de los períodos de crisis sistémicas es que cada entidad se convierte en “el peor enemigo de sí misma”. Paradójicamente la única fuerza que puede derrotar a Morena es el propio Morena. En este sentido ya tenemos a la vista el germen de una disidencia organizada en Morena. La Convención Nacional Morenista del pasado 5 de febrero, fue la concentración más grande y mejor estructurada desde el congreso extraordinario de enero de 2020.

No son simples outsiders, pues están encabezados por algunas figuras emblemáticas, además de un número importante de consejeros estatales, sobre todo del Estado de México, y hasta algunos integrantes del CEN.

Tienen presencia territorial y su acción se sustenta, al menos discursivamente, en una serie de demandas legítimas. Este grupo enarbola como demandas la defensa del Estatuto de Morena y la regularización de la vida institucional del partido.

Es imposible saber hoy si se impondrá la restauración, a través de la estrategia de ‘caballo de Troya’ de colonización del partido por los políticos sin escrúpulos y los poderes fácticos, o la ‘rebelión de las bases’, o algún otro curso de desarrollo para el futuro de Morena.

¿QUÉ HACEMOS?

A mi manera de ver, la continuidad de la Cuarta Transformación no depende de la actuación de la clase política, sino de la maduración y profundización de la democracia participativa. Esto incluye no solamente el cambio de paradigmas y la destrucción de prejuicios, sino el aprendizaje práctico de la organización colectiva.

Hubo, por ejemplo, más de diez millones de firmas para solicitar la revocación de mandato. ¿De dónde salieron y qué representan? Para mí, una creciente voluntad de participación democrática.

El sexenio de López Obrador terminará antes de tres años, pero no lo hará sin dejar un legado perdurable. Lo que ha cambiado ya, radicalmente, es la manera en que los ciudadanos entendemos el poder público. Ya existe en la Ciudad de México una Ley de Participación Ciudadana, que va por su segunda versión, y el año pasado se aprobó en el Congreso la Ley de Revocación de Mandato.

Esta participación ciudadana, activa e informada, es un requisito para devolver al ‘noble oficio de la política’ su función esencial como coordinación de recursos, voluntades y acciones para alcanzar el bienestar material de la colectividad.

Los ciudadanos debemos transformar tanto la manera en que entendemos el quehacer político como nuestra manera de participar en él. Esta participación deberá ser en lo subsecuente mucho más activa, informada y organizada. Todo esto será vital para transformar el actual sistema de partidos, que hoy se encuentran reducidos a simples franquicias políticas, sin proyecto de nación.

Debemos comprender que Morena y la Cuarta Transformación son parte de un proceso más amplio, de alcance mundial, que se enmarca en el contexto del fin de una época y la necesidad de enfrentar una cantidad de crisis acumulativas que requieren –esas sí– una Revolución de las Conciencias como condición de una liberación significativa del potencial humano.

Lo que tenemos que derrotar, o mejor dicho superar, no es este o aquel adversario sino el estadio civilizatorio en que nos encontramos instalados, individual y colectivamente.

Nos acaba de decir Frei Betto, durante su reciente visita a México, que el “El derecho a acumular capital y bienes económicos no es un derecho humano reconocido como tal, pero que se sigue anteponiendo al derecho a la vida digna, a los derechos al agua, a la educación a la salud, al derecho a un medio ambiente sano”.

Es decir, que en la práctica tiene más peso “el derecho a la codicia” que muchos si no todos los derechos humanos de primera, segunda y tercera generación. Sigue siendo ‘políticamente incorrecto’ hablar de un sistema político y económico y social donde la dignidad y el bienestar de la persona humana sea valorada a un nivel más alto que la acumulación de capital.

Juan Barrera Cordero, integrante de la Secretaría de Educación, Formación y Capacitación Política de la Ciudad de México (MORENA), texto utilizado como guion para una presentación vía Zoom, el 22-03-2022

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